Chapter 9 - LA VOZ DE EMILYEl juicio comenzó seis meses después.

Para entonces el caso había aparecido en periódicos de todo el país.
Victoria Blake.
Thomas Harrison.
Margaret Blake.
Richard Collins.
Todos enfrentaban cargos diferentes relacionados con fraude, falsificación, conspiración, intimidación y manipulación de documentos.
Collins había aceptado cooperar.
Margaret continuaba negándolo todo.
Thomas insistía en que las operaciones empresariales eran legítimas.
Victoria decía que Daniel había convertido una discusión familiar en una persecución.
Su abogado utilizó incluso la bofetada de la boda.
Daniel no intentó esconderla.
Cuando le preguntaron durante su declaración, respondió:
—La golpeé. No debí hacerlo.
El abogado de Victoria sonrió.
—Entonces admite que es violento.
—Admito que perdí el control durante unos segundos después de creer que intentaba llevarse a mi hija. Eso no convierte mi acción en correcta.
La fiscalía continuó.
Grabaciones.
Correos.
Documentos falsos.
Transferencias.
Informes psicológicos manipulados.
El caso contra Victoria parecía sólido.
Pero faltaba la persona que había vivido el centro del abuso.
Emily.
Daniel no quería que declarara.
—Es una niña.
La fiscal explicó:
—Podemos evitar que vea directamente a los acusados.
—No quiero que tenga que revivirlo.
Emily escuchó la conversación.
—Quiero hablar.
Daniel se giró.
—No tienes que hacerlo.
—Lo sé.
—Emily…
—Victoria decía que nadie me creería.
La habitación quedó en silencio.
—Quiero que me crean.
Daniel se arrodilló frente a ella.
—Yo te creo.
—Pero quiero decirlo yo.
La declaración se realizó mediante un sistema especial.
Emily estaba en una sala diferente.
Solo estaban presentes profesionales autorizados.
Cuando comenzó, su voz temblaba.
—¿Conoces a Victoria Blake?
—Sí.
—¿Quién era para ti?
Emily pensó.
—Iba a casarse con mi papá.
—¿Cómo te trataba cuando tu padre estaba presente?
—Bien.
—¿Y cuando él no estaba?
Emily bajó la mirada.
—Diferente.
Explicó los comentarios.
“Tu padre tendrá otra familia.”
“Eres demasiado mayor para necesitarlo.”
“Si de verdad lo quieres, deberías dejarlo vivir.”
También habló del doctor Kemp.
De las respuestas que Victoria le obligaba a memorizar.
De los castigos secretos.
De cómo escondía fotografías de su madre porque Victoria decía que hacían que Daniel viviera en el pasado.
Daniel escuchaba desde otra sala.
Lloraba en silencio.
No sabía que había ocurrido tanto.
Emily continuó.
Finalmente llegó al día de la boda.
—Me llevaron al despacho.
—¿Quiénes?
—Victoria y el señor Collins.
—¿Qué ocurrió?
—Me dieron papeles.
—¿Sabías qué significaban?
—No.
—¿Por qué firmaste?
Emily miró hacia la cámara.
—Porque Victoria dijo que mi papá quería que me fuera.
—¿Lo creíste?
Emily comenzó a llorar.
—Por un momento.
Daniel se cubrió el rostro.
La fiscal esperó.
Después preguntó:
—¿Qué pasó entonces?
—Escuché música.
—¿Qué música?
—La música de la boda.
—¿Y qué hiciste?
—Corrí.
—¿Por qué?
Emily respondió:
—Porque quería preguntarle a mi papá si todavía me quería.
En la sala principal, varios miembros del jurado tenían lágrimas en los ojos.
Victoria permanecía completamente inmóvil.
Después la defensa tuvo oportunidad de preguntar.
El abogado habló cuidadosamente.
—Emily, ¿tu padre te dijo qué debías decir hoy?
—No.
—¿Hablas con él sobre Victoria?
—Sí.
—Entonces quizá sabes que está enfadado con ella.
—Sí.
—¿Quieres ayudar a tu padre?
Emily respondió:
—Sí.
El abogado se acercó al punto que buscaba.
—Entonces quizá algunas cosas que recuerdas son cosas que tu padre te contó después.
Emily permaneció callada.
El abogado sonrió.
—¿Es posible?
La niña respondió:
—No sé.
Daniel sintió miedo.
Pero Emily continuó.
—Pero recuerdo algo que mi papá nunca escuchó.
—¿Qué?
Emily miró directamente hacia la cámara.
—Victoria dijo que cuando estuviera casada con él, yo ya no importaría.
El abogado guardó silencio.
Emily añadió:
—Y recuerdo que pensé que estaba equivocada.
—¿Por qué?
—Porque yo conozco a mi papá mejor que ella.
La frase cambió el ambiente de toda la sala.
Después de cuatro semanas, llegó el veredicto.
Culpable.
Victoria cerró los ojos.
Margaret comenzó a llorar.
Thomas no mostró ninguna emoción.
Daniel abrazó a Michael.
Sarah respiró aliviada.
Pero Daniel no sintió alegría.
Solo alivio.
Cuando salió del tribunal, decenas de periodistas gritaban preguntas.
—¡Señor Harrison!
—¿Está satisfecho?
—¿Qué ocurrirá con la empresa?
—¿Perdona a su tío?
Daniel no respondió.
Emily esperaba dentro del coche.
Subió.
La niña lo miró.
—¿Terminó?
Daniel tomó su mano.
—Sí.
Emily sonrió ligeramente.
—Entonces quiero helado.
Daniel rio por primera vez en meses.
—Eso sí puedo conseguirlo.
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Mientras el coche se alejaba del tribunal, Daniel comprendió que había pasado demasiado tiempo intentando ganar una guerra.
Ahora tenía que aprender a vivir después de ella.