Chapter 3 - LA MUJER QUE SABÍA DEMASIADODaniel leyó el mensaje tres veces.

No podía apartar la vista de la palabra “viva”.
David le quitó cuidadosamente el teléfono.
—No respondas.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos quién está detrás de esto.
Michael miró hacia las ventanas.
—¿De verdad crees que alguien podría hacerle daño?
David no respondió inmediatamente.
Eso fue suficiente.
Daniel llamó a seguridad.
En menos de diez minutos, la mansión quedó cerrada.
Emily permaneció arriba con su niñera, Grace.
Daniel odiaba esconderle cosas, pero no quería que la niña escuchara hablar de amenazas.
El teléfono fue entregado a la policía.
El detective encargado del caso se llamaba Marcus Reed.
—Necesitamos localizar a Elena Morales.
—Háganlo.
—Lo haremos, pero necesito que usted entienda algo, señor Harrison. A partir de ahora no confronte personalmente a ninguna de estas personas.
Daniel soltó una risa amarga.
—Hace unas horas iba a casarme con una de ellas.
—Precisamente.
Marcus guardó el teléfono.
—La gente actúa de forma impredecible cuando siente que puede perder dinero o libertad.
Mientras la policía comenzaba la búsqueda, Daniel decidió revisar la habitación que Victoria había utilizado durante los últimos meses.
Había vivido parcialmente en la mansión desde que anunciaron el compromiso.
El vestidor todavía estaba lleno de ropa.
Perfumes.
Zapatos.
Fotografías.
Todo parecía pertenecer a la mujer perfecta que Daniel creía conocer.
Hasta que Michael encontró una pequeña llave.
—¿Esto qué abre?
Buscaron durante veinte minutos.
Finalmente descubrieron una caja metálica dentro de una maleta.
La llave encajaba.
Daniel levantó la tapa.
Había copias de documentos financieros.
Fotografías del pasaporte de Daniel.
Información sobre las cuentas bancarias de la familia.
Y una carpeta con el nombre de Emily.
Daniel la abrió.
Dentro había informes psicológicos.
—¿Qué demonios…?
Sarah tomó uno.
—Estos informes dicen que Emily presenta comportamiento agresivo.
Daniel casi se rio.
—Emily jamás ha sido agresiva.
David revisó las firmas.
—El psicólogo que aparece aquí se llama doctor Lawrence Kemp.
Michael buscó rápidamente en internet.
—Existe.
Sarah continuó leyendo.
—Aquí dice que recomienda separación temporal del entorno familiar.
Daniel sintió rabia.
—¿Victoria llevó a mi hija a un psicólogo sin decírmelo?
Entonces vio una fecha.
Era un martes de marzo.
Recordaba perfectamente aquel día.
Victoria había llevado a Emily supuestamente a comprar ropa.
Daniel cerró los ojos.
Las mentiras se acumulaban.
Había confiado en ella.
Le había dado acceso a su hogar.
A su familia.
A su hija.
El teléfono de Michael sonó.
Era Marcus.
—Encontramos el coche de Elena.
—¿Dónde?
—En un estacionamiento cerca de la estación de tren.
—¿Y ella?
—No estaba dentro.
Daniel sintió miedo.
—¿Sangre?
—No. Ninguna señal evidente de violencia.
—Entonces puede estar escondiéndose.
—Eso esperamos.
Dos horas después apareció otra pista.
Una cámara de seguridad mostraba a Elena comprando un billete de autobús.
Destino: Providence.
La policía comenzó a buscar allí.
Mientras tanto, Daniel decidió hablar con Emily nuevamente.
—¿Conoces al doctor Kemp?
La niña palideció.
Daniel se arrodilló.
—No estás en problemas.
—Victoria dijo que era un amigo.
—¿Te llevó a verlo?
Emily asintió.
—Me hacía preguntas sobre mamá.
—¿Qué preguntas?
—Si estaba triste porque mamá murió. Si tú trabajabas mucho. Si alguna vez me enfadaba contigo.
Daniel apretó la mandíbula.
—¿Victoria estaba presente?
—Sí.
—¿Alguna vez te dijo qué responder?
Emily tardó demasiado en contestar.
—Sí.
—¿Qué te decía?
—Que dijera que tenía miedo de ti.
Daniel sintió que le faltaba el aire.
—¿Y lo dijiste?
Emily comenzó a llorar.
—Una vez.
Daniel la abrazó inmediatamente.
—No pasa nada.
—Lo siento.
—No tienes nada que sentir.
Ahora entendía el plan.
No bastaba con conseguir una firma infantil.
Estaban fabricando un historial.
Informes psicológicos.
Declaraciones.
Documentos.
Todo destinado a mostrar que Emily necesitaba ser separada de su padre.
David confirmó sus sospechas.
—Si conseguían suficientes informes y luego provocaban una crisis familiar después de la boda, podrían pedir una tutela temporal.
—¿Y Victoria aparecería como la esposa preocupada?
—Exactamente.
Michael golpeó la mesa.
—Todo estaba preparado.
Sarah miró los documentos.
—Pero hay un problema.
—¿Cuál?
—Alguien estaba pagando todo esto.
Daniel la miró.
—Victoria tenía dinero.
—No suficiente.
Sarah mostró varias facturas.
Investigadores privados.
Consultores jurídicos.
Honorarios médicos.
Más de cuatrocientos mil dólares.
—Estas facturas fueron pagadas por una sociedad llamada Northstar Consulting.
Daniel frunció el ceño.
—Nunca he oído hablar de ella.
—Yo sí.
Todos miraron a Michael.
—Northstar presentó una oferta para comprar tres de nuestros edificios el año pasado.
Daniel recordó inmediatamente.
Habían rechazado la propuesta.
—¿Quién es el propietario?
Michael giró la pantalla de su portátil.
El nombre hizo que Daniel se quedara inmóvil.
Thomas Harrison.
Su tío.
El hermano menor de su difunto padre.
Daniel no dijo nada durante varios segundos.
Thomas había trabajado en Harrison Development durante veinte años.
Actualmente era vicepresidente del consejo.
Tenía acceso a casi todos los documentos corporativos.
Incluidas las autorizaciones electrónicas de Daniel.
—No.
Michael habló suavemente.
—Daniel…
—No puede ser.
—Tiene acceso.
—Es familia.
Sarah lo miró con tristeza.
—Victoria también iba a ser familia.
Aquella frase dolió.
Daniel tomó su teléfono.
Quería llamar inmediatamente a Thomas.
David lo detuvo.
—No.
—Quiero escucharlo mentir.
—Y él quiere saber cuánto sabes.
Daniel dejó el teléfono.
Esa misma noche, alrededor de las once, Marcus llamó nuevamente.
—Encontramos a Elena.
Daniel se puso de pie.
—¿Está bien?
Hubo una pausa.
—Está viva.
Todos respiraron.
—¿Dónde?
—En un motel.
—¿Qué dijo?
—Dice que hablará.
Daniel cerró los ojos.
Por fin.
—¿Cuándo?
—Mañana.
Marcus hizo una pausa.
—Pero hay una condición.
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—¿Cuál?
—Solo hablará si usted está presente.
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