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Chapter 1 - MAMÁ ESTÁ LLORANDO OTRA VEZEl pasillo principal de la mansión Blackwood estaba iluminado por una hilera de lámparas cálidas fijadas entre paneles de madera oscura.

A esa hora de la noche, la casa debía estar tranquila.

Los invitados de la cena privada ya se habían marchado.

El personal terminaba sus últimas tareas.

La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del ala oeste.

Ethan Blackwood caminaba solo por el corredor, todavía vestido con un elegante traje negro y camisa del mismo color. Había regresado a la mansión unas horas antes de lo previsto después de cancelar una reunión en la ciudad.

No había anunciado su regreso.

Tal vez por eso pudo ver lo que normalmente nadie quería mostrarle.

Unos pasos pequeños y descalzos sonaron detrás de él.

—Señor Ethan...

Ethan se giró.

Un niño de unos seis años corría hacia él. Llevaba un pijama azul claro, el cabello castaño revuelto y una preocupación demasiado adulta en el rostro.

Ethan lo reconoció.

Oliver, el hijo de Sarah, una de las empleadas de servicio del ala residencial.

El niño llegó hasta él y tomó su mano con ambas manos pequeñas.

—Señor Ethan... mamá está llorando otra vez.

Ethan se detuvo de inmediato.

La palabra otra vez fue lo que más le llamó la atención.

Se agachó hasta quedar a su altura.

—¿Quién la hizo llorar?

Oliver no dudó.

—La señorita Victoria.

Algo cambió en la expresión de Ethan.

Victoria Blackwood.

Su prima.

Directora provisional de la casa durante sus viajes.

Una mujer que llevaba años presentándose como la persona capaz de “mantener el orden” mientras Ethan se ocupaba de los negocios familiares.

—¿Dónde está tu mamá?

Oliver señaló hacia el final del corredor.

—En la sala verde.

Ethan se incorporó.

—Llévame.

El niño siguió aferrado a su mano mientras avanzaban por el largo pasillo. Cuanto más se acercaban al ala sur, más extraño se hacía el silencio.

Frente a ellos apareció una gran puerta de madera.

Estaba entreabierta.

Oliver se detuvo.

No quiso avanzar más.

Ethan lo miró.

—¿Qué ocurre?

El niño bajó la voz.

—Mamá dijo que no entrara.

Ethan empujó la puerta.

La escena dentro de la sala hizo que permaneciera inmóvil un segundo.

El lugar estaba completamente desordenado.

Un jarrón de porcelana yacía volcado sobre la alfombra.

Flores blancas estaban esparcidas por el suelo.

Dos cojines habían sido arrojados lejos del sofá.

Una bandeja de plata estaba caída junto a la chimenea.

Pequeños objetos decorativos cubrían el parquet.

Y en medio del desastre estaba Sarah.

Treinta años.

Cabello castaño recogido.

Uniforme negro de servicio con cuello blanco y delantal.

Estaba arrodillada junto a una mesa, recogiendo pétalos con las manos mientras lloraba en silencio.

Ethan frunció el ceño.

—¿Sarah?

Ella levantó la cabeza.

Al verlo, su expresión no mostró alivio.

Mostró terror.

Se puso de pie de inmediato, se secó las lágrimas con rapidez y caminó hacia él como si hubiera sido sorprendida cometiendo un delito.

—¡Fue culpa mía, señor! Puedo limpiarlo todo a primera hora...

Ethan miró la habitación.

Después volvió a mirarla.

—¿Tú hiciste todo esto?

Sarah tragó saliva.

—Sí.

La respuesta salió demasiado rápido.

Oliver entró entonces en la sala.

Sarah abrió los ojos.

—Oliver, te dije que fueras a dormir.

El niño no obedeció.

Caminó hasta Ethan y volvió a tomarle la mano.

Miró a su madre.

—Y después obligó a mamá a limpiarlo.

Sarah quedó completamente paralizada.

—Oliver...

—Ella tiró las flores —continuó el niño, con la voz quebrada—. Y el jarrón. Y dijo que mamá tenía que recoger todo antes de acostarse.

Sarah negó de inmediato.

—No sabes lo que dices.

Pero Oliver ya estaba llorando.

—Sí sé.

Ethan observó a Sarah.

Después el desastre.

Después las manos rojas de ella.

Después al niño descalzo.

Su expresión se endureció lentamente.

—¿Victoria hizo esto?

Sarah bajó la mirada.

—Señor Ethan, de verdad, no es necesario—

—He preguntado si Victoria hizo esto.

Silencio.

Sarah no respondió.

Pero su silencio respondió por ella.

Ethan respiró hondo.

Luego salió lentamente al pasillo.

Se ajustó la chaqueta.

Cuando habló, ya no quedaba sorpresa en su voz.

Solo autoridad.

—Traigan a Victoria abajo. Ahora.

Uno de los empleados que había aparecido al escuchar movimiento se quedó inmóvil.

—¿Señor?

Ethan lo miró.

—Has oído perfectamente.

El hombre asintió y salió apresuradamente hacia la escalera.

Oliver se quedó junto a la puerta mirando hacia el extremo del pasillo.

Sarah contenía la respiración.

Ethan permaneció allí, inmóvil, esperando.

—No debería haber hecho eso —susurró Sarah.

Ethan giró apenas la cabeza.

—¿Qué?

Ella tenía el rostro completamente blanco.

—Llamarla.

—¿Por qué?

Sarah bajó la voz.

—Porque ahora sabrá que Oliver habló.

Ethan la observó durante varios segundos.

—¿Qué le hizo antes cuando habló?

Sarah levantó la mirada.

El miedo en sus ojos cambió.

Ya no era miedo por perder el trabajo.

Era otra cosa.

—Por favor —susurró—. No pregunte delante de mi hijo.

Ethan sintió un frío extraño recorrerle la espalda.

Antes de poder responder, Oliver tiró suavemente de su manga.

—Señor Ethan...

—¿Sí?

El niño miró hacia la escalera.

—Victoria dice que nosotros no somos familia.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

Oliver bajó la mirada.

—Pero mamá tiene una carta que dice que sí.

Sarah dejó de respirar.

Ethan giró lentamente hacia ella.

—¿Qué carta?

Sarah no respondió.

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Y desde el piso superior se escuchó entonces el sonido seco de una puerta abriéndose.

Victoria estaba bajando.

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