Chapter 5 - EL TRAIDOR DE LA FAMILIALa desaparición de Richard Collins cambió completamente la investigación.

Hasta entonces Daniel había imaginado una conspiración financiera.
Ahora alguien estaba tratando de borrar pruebas.
Quizá incluso personas.
Marcus ordenó protección para Elena.
Daniel reforzó la seguridad alrededor de Emily.
La niña ya no iba sola a ningún lugar.
Daniel odiaba aquello.
Cada guardia era un recordatorio de que había permitido entrar a personas peligrosas en la vida de su hija.
Dos días después regresó a Harrison Development.
La sede ocupaba los últimos treinta pisos de una torre de cristal.
Cuando Daniel entró, todos los empleados dejaron de hablar.
Las imágenes de la boda habían aparecido en medios locales.
Aunque ningún periodista conocía todavía la verdadera historia, todos sabían que Daniel había cancelado la ceremonia.
Su tío Thomas esperaba en la sala de juntas.
—Daniel.
Se levantó.
—Siento muchísimo lo ocurrido.
Daniel lo observó.
Thomas tenía cincuenta y nueve años.
Cabello gris.
Traje perfectamente cortado.
La misma sonrisa tranquila que Daniel conocía desde niño.
Había asistido a sus cumpleaños.
Había estado en el funeral de su padre.
Había cargado a Emily cuando era bebé.
—Gracias —respondió Daniel.
No podía acusarlo todavía.
La policía necesitaba pruebas.
Thomas abrió los brazos.
—Victoria siempre me pareció demasiado ambiciosa.
Daniel sintió ganas de golpearlo.
En lugar de eso se sentó.
—¿De verdad?
—Nunca quise interferir.
—Claro.
Thomas continuó interpretando su papel.
—Si necesitas ayuda con la empresa mientras solucionas tu vida personal, puedo asumir algunas responsabilidades.
Ahí estaba.
Daniel lo comprendió.
Thomas quería control.
—Eso sería útil.
Thomas sonrió.
—Somos familia.
Daniel sostuvo su mirada.
—Exactamente.
Durante los siguientes días fingieron normalidad.
Mientras tanto, Sarah y un equipo forense revisaban miles de movimientos financieros.
Finalmente encontraron algo.
Northstar Consulting había recibido fondos de cuatro empresas diferentes.
Todas estaban relacionadas indirectamente con Thomas.
Pero faltaba demostrar que el dinero había financiado la conspiración.
Entonces Sarah descubrió una transferencia.
Ciento veinte mil dólares enviados directamente a Richard Collins.
Concepto:
Servicios de reestructuración familiar.
—Es él —dijo Michael.
Daniel miró la pantalla.
—Necesitamos más.
—¿Más?
—Quiero que no exista ninguna posibilidad de que escape.
Sarah siguió buscando.
Encontró correos borrados.
Calendarios.
Facturas.
Y finalmente un archivo protegido con contraseña.
El equipo tardó seis horas en abrirlo.
Dentro había un documento titulado:
Proyecto Nueva Generación.
Daniel sintió náuseas al leerlo.
Era prácticamente un calendario del plan.
Fase uno: fortalecer la relación entre Victoria y Daniel.
Fase dos: reducir la influencia emocional de Emily.
Fase tres: crear historial psicológico.
Fase cuatro: conseguir consentimiento de residencia externa.
Fase cinco: matrimonio.
Fase seis: modificación de administración fiduciaria.
Fase siete: transición corporativa.
—Transición corporativa —repitió Daniel.
Sarah señaló la última página.
Había una lista de cargos.
Presidente del consejo: Thomas Harrison.
Administradora fiduciaria: Victoria Harrison.
Director jurídico: Richard Collins.
Daniel no aparecía.
—¿Qué pensaban hacer conmigo?
Michael encontró otra sección.
Una frase.
Daniel conservará funciones públicas durante el período inicial.
Sarah lo entendió.
—Querían convertirte en una figura decorativa.
Daniel soltó una risa amarga.
—Mi propia empresa.
—La empresa de Emily también.
Aquello cambió su expresión.
No se trataba únicamente de él.
Thomas estaba robando el futuro de su hija.
Esa tarde Daniel recibió una llamada desde un número privado.
—¿Daniel?
Reconoció inmediatamente la voz.
Richard Collins.
Daniel hizo una señal a Marcus, que estaba en la habitación.
La policía empezó a rastrear la llamada.
—Richard.
—Necesito hablar contigo.
—La policía te está buscando.
—Lo sé.
—¿Dónde estás?
—No puedo decirlo.
La voz de Collins temblaba.
—Thomas intentó matarme.
Daniel miró a Marcus.
—¿Por qué?
—Porque quería salir.
—¿Salir de qué?
—Del plan.
—Después de obligar a mi hija a firmar.
Collins guardó silencio.
—Cometí errores.
—Eso no fue un error.
—Tengo pruebas.
Daniel se quedó quieto.
—¿Qué pruebas?
—Todo.
—Entonces entrégalas a la policía.
—No confío en nadie.
—¿Y confías en mí?
Collins soltó una risa nerviosa.
—No. Pero sé que quieres destruir a Thomas más que yo.
Daniel apretó el teléfono.
—Dime dónde estás.
Collins respiró.
—Mañana. Nueve de la noche. Viejo almacén número catorce del puerto.
Marcus negó inmediatamente.
Daniel comprendió.
—No voy solo.
—Entonces no voy.
—Richard—
La llamada terminó.
Marcus golpeó la mesa.
—Es una trampa.
Daniel dejó el teléfono.
—Probablemente.
—No irá.
Daniel miró los documentos del Proyecto Nueva Generación.
Después pensó en Emily.
—Si Collins realmente tiene la prueba que falta, necesito conseguirla.
Marcus respondió:
—Nosotros la conseguiremos.
Daniel no discutió.
Pero aquella noche, mientras acostaba a Emily, la niña hizo una pregunta inesperada.
—Papá.
—¿Sí?
—¿El tío Thomas es malo?
Daniel se quedó inmóvil.
—¿Por qué preguntas eso?
Emily miró hacia la ventana.
—Porque una vez escuché a Victoria hablando con él.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Qué dijeron?
Emily pensó.
—Victoria dijo que después de la boda tú ya no decidirías nada.
—¿Y Thomas?
Emily respondió:
—Dijo que tú nunca habías sido lo bastante fuerte para dirigir la familia.
Daniel se quedó en silencio.
La traición dejó de ser una sospecha.
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Incluso su hija la había escuchado.
Y al día siguiente tendría que decidir hasta dónde estaba dispuesto a llegar para demostrarla.
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