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Chapter 7 - LA CAZA DE VICTORIALa fotografía cambió las reglas.

Victoria ya no era simplemente una sospechosa fugitiva.

Estaba vigilando la casa.

Marcus asignó agentes permanentes a la familia.

Daniel quería llevar a Emily fuera del país.

El detective se negó.

—Moverla ahora puede hacerla más vulnerable.

—¿Entonces quieres que espere aquí hasta que Victoria aparezca?

—Quiero que confiemos en el perímetro.

Daniel odiaba aquella palabra.

Perímetro.

Como si su hija viviera dentro de una fortaleza.

Emily dejó temporalmente la escuela presencial.

Recibía clases en casa.

Al principio parecía disfrutar pasando más tiempo con Daniel.

Pero después comenzó a preguntar cuándo recuperaría su vida.

—Quiero ver a Sophie.

—Vendrá este fin de semana.

—Quiero ir al parque.

Daniel no sabía qué responder.

Emily lo miró.

—Victoria sigue mandando aunque no esté aquí.

La frase sorprendió a Daniel.

La niña tenía razón.

Aunque Victoria hubiera desaparecido, seguía controlando sus decisiones mediante el miedo.

Daniel se sentó junto a ella.

—Vamos a recuperar nuestra vida.

Mientras tanto, la investigación avanzaba.

Margaret se negó a cooperar.

Thomas también.

Richard Collins, recuperándose en el hospital bajo custodia, aceptó finalmente declarar a cambio de una reducción de condena.

Su testimonio confirmó que Victoria había sido quien diseñó buena parte del plan psicológico contra Emily.

Pero añadió algo inesperado.

—Victoria no está intentando escapar del país.

Marcus frunció el ceño.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque tiene dinero escondido aquí.

—¿Dónde?

—No lo sé.

Collins explicó que Victoria había guardado documentos originales en un lugar separado.

Los consideraba su seguro en caso de que Thomas intentara traicionarla.

Daniel preguntó:

—¿Qué documentos?

—Algo relacionado con la muerte de su padre.

Daniel se quedó inmóvil.

—¿Mi padre?

Collins asintió.

El padre de Daniel había muerto seis años antes debido a un ataque cardíaco.

—¿Qué tiene eso que ver con Victoria?

—No sé exactamente.

Collins parecía sincero.

—Thomas mencionó varias veces que la transición de la empresa había empezado antes de que Victoria apareciera.

Daniel sintió frío.

La conspiración podía ser mucho más antigua.

Sarah comenzó a revisar los últimos meses de vida del padre de Daniel.

Encontró disputas internas.

Thomas había intentado convencerlo de vender parte de la empresa.

El padre de Daniel se había negado.

Poco antes de morir había cambiado el fideicomiso para proteger las acciones de Emily.

—¿Por qué lo hizo justo entonces? —preguntó Michael.

Sarah abrió un correo antiguo.

El padre de Daniel había escrito:

Si alguna vez me ocurre algo, asegúrense de que Thomas jamás controle las acciones de Emily.

Daniel se quedó mirando aquella frase.

—Él sabía.

—Sabía que Thomas quería controlar la compañía —respondió Sarah.

—Pero ¿sabía algo más?

No podían demostrarlo.

Entonces ocurrió el siguiente giro.

Un banco suizo entregó información sobre la cuenta controlada por Margaret.

Entre los movimientos aparecía una transferencia de seis años atrás.

Doscientos mil dólares.

Destino: una empresa médica privada.

Sarah investigó.

La empresa pertenecía al cardiólogo que había tratado al padre de Daniel.

Daniel dejó caer el informe.

—No.

Michael lo miró.

—Todavía no sabemos qué significa.

Pero Daniel ya estaba pensando lo peor.

La policía reabrió discretamente parte del expediente médico.

Mientras tanto, Victoria seguía desaparecida.

Hasta que una cámara de tráfico captó su coche cerca de Cambridge.

Marcus movilizó equipos.

La encontraron entrando en un apartamento.

Pero cuando la policía llegó, Victoria ya se había marchado.

Dentro había ropa.

Dinero.

Un ordenador.

Y fotografías de Emily.

Docenas.

En el parque.

En la escuela.

En la mansión.

Daniel sintió ganas de vomitar.

También encontraron un mapa con varios puntos marcados.

Uno de ellos era la casa de Sophie, la mejor amiga de Emily.

Daniel llamó inmediatamente a sus padres.

No había ocurrido nada.

Pero comprendió la intención.

Victoria sabía que Emily quería visitar a Sophie.

Quizá esperaba que Daniel relajara la seguridad.

Aquella noche Daniel habló con su hija.

—Victoria está intentando asustarnos.

Emily asintió.

—Lo sé.

—Pero no voy a dejar que gane.

La niña lo miró seriamente.

—Entonces deja de tener miedo todo el tiempo.

Daniel no supo qué decir.

Emily continuó:

—Cuando mamá murió, tú también tenías miedo.

Daniel sintió un nudo en la garganta.

—Sí.

—Y aun así salíamos.

Daniel sonrió tristemente.

Su hija acababa de enseñarle algo que él había olvidado.

Protegerla no significaba encerrarla.

Al día siguiente caminaron juntos por el jardín.

Con agentes cerca, sí.

Pero caminaron.

Emily llevó su bicicleta.

Por primera vez en semanas, rio.

Daniel sintió esperanza.

Hasta que su teléfono sonó.

Marcus.

—Encontramos a Victoria.

Daniel se detuvo.

—¿Dónde?

—No la encontramos físicamente. Pero sabemos adónde va.

—¿Adónde?

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Marcus respondió:

—A la clínica donde murió su padre.

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