Chapter 6 - LA TRAMPA DEL PUERTOA las ocho y cuarenta y cinco de la noche, una lluvia intensa caía sobre el puerto.

El almacén número catorce parecía abandonado desde hacía décadas.
Daniel estaba dentro de una camioneta policial a dos calles de distancia.
Marcus le había permitido acudir con una condición:
No entraría solo.
—Collins dijo que si veía policías, se iría.
—Collins también participó en un delito contra su hija —respondió Marcus—. No vamos a obedecer todas sus reglas.
Daniel llevaba un pequeño transmisor bajo la camisa.
Tres agentes esperaban cerca.
A las nueve exactamente caminó hacia el almacén.
La puerta estaba abierta.
—Richard.
Nada.
Entró.
Había cajas rotas.
Hierro oxidado.
El sonido de la lluvia golpeando el techo.
—Richard.
Una figura apareció detrás de una columna.
Collins.
Tenía una venda alrededor de la cabeza.
—Viniste.
—¿Qué te pasó?
—Thomas envió a dos hombres.
—¿Puedes demostrarlo?
Collins levantó una pequeña memoria USB.
—Aquí.
Daniel extendió la mano.
Collins retrocedió.
—Primero quiero protección.
—No puedo darte inmunidad.
—Entonces no hay trato.
—No soy fiscal.
—Pero tienes influencia.
Daniel soltó una risa amarga.
—Intentaste quitarme a mi hija.
—Yo preparé documentos.
—Sabías lo que estaban haciendo.
Collins bajó la mirada.
—Sí.
—Entonces vas a responder por ello.
Collins apretó la memoria.
—Thomas hizo cosas peores.
—Eso no te hace inocente.
De repente se escuchó un ruido metálico.
Collins palideció.
—¿Trajiste a alguien?
—Seguridad.
—Idiota.
Un disparo rompió el silencio.
La bala golpeó una columna.
Daniel cayó al suelo.
Los agentes reaccionaron inmediatamente.
—¡POLICÍA!
Otro disparo.
Collins corrió.
—¡Richard!
Daniel vio una sombra en una pasarela superior.
Un hombre armado.
Los agentes avanzaron.
Se escucharon gritos.
Pasos.
Después silencio.
Marcus entró corriendo.
—¿Está herido?
—No.
Daniel buscó a Collins.
Lo encontró detrás de unas cajas.
Tenía sangre en el hombro.
La memoria USB seguía en su mano.
—No dejes que Thomas la consiga —susurró.
Daniel se arrodilló.
—Los médicos están llegando.
Collins lo agarró del brazo.
—Hay una cuenta en Suiza.
—¿Qué?
—Margaret.
—¿Qué tiene Margaret?
—Ella guarda el dinero.
Los paramédicos entraron.
Collins fue trasladado inmediatamente.
El tirador consiguió escapar.
Pero había dejado algo atrás.
Un teléfono desechable.
Los investigadores encontraron comunicaciones con un número registrado a nombre de una compañía propiedad de Thomas Harrison.
Ahora tenían una conexión directa.
Pero la memoria USB era todavía más importante.
Contenía cientos de correos.
Contratos.
Audios.
Transferencias bancarias.
Collins había guardado copias de todo como seguro personal.
En uno de los correos, Victoria escribía:
Emily debe estar fuera antes del primer aniversario. Después de eso, podemos empezar con la transferencia real.
Thomas respondía:
No te preocupes por Daniel. Cuando descubra lo que pasó, ya no tendrá poder para cambiarlo.
También había comunicaciones de Margaret.
Ella controlaba cuentas internacionales donde parte del dinero sería transferido una vez obtenida la administración del fideicomiso.
La conspiración estaba completa.
Al día siguiente, la policía detuvo a Thomas dentro de Harrison Development.
Daniel observó desde su despacho.
Thomas caminaba esposado entre dos agentes.
Antes de entrar en el ascensor, levantó la mirada.
Vio a Daniel.
Y sonrió.
Aquella sonrisa inquietó a Daniel.
No parecía la expresión de un hombre derrotado.
Parecía la expresión de alguien que todavía sabía algo.
Horas después detuvieron a Margaret.
Victoria, sin embargo, había desaparecido.
Su casa estaba vacía.
Su teléfono había sido abandonado.
Su pasaporte no aparecía.
Daniel regresó inmediatamente a la mansión.
—¿Dónde está Emily?
Grace respondió:
—En su habitación.
Daniel subió corriendo.
La encontró dibujando.
Respiró aliviado.
—Papá, ¿qué pasa?
—Nada.
La abrazó.
Aquella noche duplicó la seguridad.
Pero a las tres de la mañana sonó la alarma.
Daniel se levantó de golpe.
Los guardias recorrieron la propiedad.
Una puerta lateral estaba abierta.
No había señales de Victoria.
No faltaba nada.
Entonces Daniel fue a la habitación de Emily.
La cama estaba vacía.
Sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies.
—¡EMILY!
Corrió por el pasillo.
—¡EMILY!
Grace apareció.
—¿Qué ocurre?
—¡No está!
Daniel bajó las escaleras desesperado.
Entonces escuchó una pequeña voz.
—Papá.
Se giró.
Emily estaba detrás del sofá de la biblioteca.
Temblaba.
Daniel corrió hacia ella.
—Dios mío.
La abrazó.
—¿Qué haces aquí?
Emily señaló una ventana.
—Vi a Victoria.
Daniel quedó congelado.
—¿Dónde?
—Afuera.
—¿Estás segura?
Emily asintió.
—Me estaba mirando.
Los guardias revisaron los jardines.
No encontraron a nadie.
Pero junto a la ventana apareció un sobre.
Dentro había una fotografía.
Daniel y Emily saliendo de la mansión dos días antes.
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En la parte posterior alguien había escrito:
Todavía no has ganado.
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