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Chapter 8 - EL SECRETO DE SEIS AÑOSLa clínica Saint Joseph había cerrado tres años atrás.

El edificio permanecía abandonado en las afueras de la ciudad.

Según Marcus, una cámara había captado a Victoria entrando por una puerta lateral poco después de medianoche.

La policía rodeó el lugar.

Daniel no debía estar allí.

Pero estaba.

—Si entra, lo saco del operativo —advirtió Marcus.

Daniel permaneció dentro del vehículo.

Cuarenta minutos después, dos agentes salieron.

No llevaban a Victoria.

—Escapó por un túnel de mantenimiento —explicó Marcus.

—¿Otra vez?

—Conocía el edificio.

Pero había dejado algo.

En un antiguo archivo médico encontraron una caja fuerte abierta.

Dentro quedaban carpetas.

Una pertenecía a William Harrison, padre de Daniel.

Los documentos mostraban irregularidades.

Cambios de medicación.

Dosis alteradas.

Firmas médicas contradictorias.

Daniel sintió que las piernas le fallaban.

—¿Están diciendo que mataron a mi padre?

Marcus respondió con cuidado.

—Estamos diciendo que existen motivos suficientes para investigar.

El antiguo cardiólogo, doctor Peter Lang, fue localizado al día siguiente.

Al principio negó todo.

Después los investigadores le mostraron la transferencia de doscientos mil dólares.

El hombre se derrumbó.

Thomas había pagado para modificar ciertos informes médicos después de la muerte de William Harrison.

Pero según Lang, no había causado la muerte.

—¿Entonces qué escondía?

El médico lloraba.

—El señor Harrison descubrió que Thomas desviaba dinero de la empresa.

—¿Mi padre lo sabía?

—Sí.

—¿Por qué alterar sus informes?

—Porque el día antes de morir sufrió una discusión muy fuerte con Thomas.

Lang explicó que William había llegado a la clínica con dolor en el pecho.

Quería denunciar a su hermano.

Thomas apareció.

Discutieron.

William sufrió un ataque cardíaco minutos después.

El médico no lo atendió con suficiente rapidez.

Después Thomas pagó para ocultar su presencia y evitar una investigación.

Daniel cerró los ojos.

No era asesinato directo.

Pero era una traición monstruosa.

Thomas había dejado morir a su propio hermano para protegerse.

Ahora intentaba robarle a su sobrina.

Todo encajaba.

Cuando Daniel confrontó a Thomas en la sala de interrogatorios, su tío siguió sonriendo.

—Papá sabía lo que estabas haciendo.

Thomas no respondió.

—Te enfrentó.

Silencio.

—Y cuando cayó al suelo, ¿qué hiciste?

Thomas lo miró.

—Tu padre estaba enfermo.

—¿Llamaste a alguien?

—Había médicos alrededor.

—¿Lo ayudaste?

Thomas sonrió.

—William siempre creyó que podía salvar a todo el mundo.

Daniel se puso de pie.

—Menos a ti.

Por primera vez Thomas perdió la sonrisa.

—Ten cuidado, Daniel.

—Ya no puedes amenazarme.

—No sabes lo que Victoria tiene.

Daniel se quedó quieto.

Thomas vio que había acertado.

—Ella guardó copias.

—¿De qué?

—De todo.

—¿Dónde?

Thomas rio.

—Eso tendrás que preguntárselo.

Entonces añadió:

—Aunque sospecho que ella te encontrará primero.

Aquella misma tarde Victoria llamó.

Número desconocido.

Daniel activó la grabación.

—Hola, Daniel.

Su voz parecía tranquila.

—Entrégate.

—Qué poco romántico.

—Esto terminó.

—No, cariño. Nuestra boda terminó. Nuestra relación terminó. Pero esto apenas está empezando.

Daniel respiró.

—¿Qué quieres?

—Lo que me prometieron.

—No recibirás nada.

—Entonces publicaré todo.

—¿Todo qué?

Victoria rio.

—La verdad sobre tu familia. Sobre Thomas. Sobre tu padre. Sobre Collins.

—Hazlo.

Hubo silencio.

Victoria no esperaba esa respuesta.

—¿Qué?

—Publícalo.

—Destruirá el apellido Harrison.

—Me da igual.

—Destruirá tu empresa.

—Me da igual.

—¿Y qué le dirás a Emily?

Daniel miró una fotografía de su hija.

—La verdad.

Victoria se quedó callada.

Daniel continuó:

—Ese es el problema contigo. Crees que todo el mundo tiene un precio. Mi empresa puede desaparecer mañana. Mi apellido puede convertirse en basura. Pero no volverás a tocar a mi hija.

Victoria respiró con fuerza.

Por primera vez, parecía perder el control.

—Tú me golpeaste.

Daniel cerró los ojos.

—Y fue incorrecto.

La respuesta sorprendió incluso a Marcus.

—No debí hacerlo. Responderé por mis actos si corresponde. Pero eso no borra lo que hiciste tú.

Victoria permaneció en silencio.

Daniel continuó:

—Entrégate.

—Nunca.

La llamada terminó.

Marcus miró la pantalla.

—La tenemos.

—¿Qué?

—La llamada duró suficiente.

Los técnicos habían triangulado la señal.

Un hotel junto al aeropuerto.

La policía llegó doce minutos después.

Victoria intentó escapar por las escaleras de servicio.

No llegó lejos.

Dos agentes la detuvieron en el estacionamiento.

Cuando la esposaron, gritó:

—¡DANIEL NO ES INOCENTE!

Las cámaras de varios periodistas captaron el momento.

La mujer que días antes debía convertirse en señora Harrison aparecía ahora esposada, despeinada y furiosa frente a todo el país.

Pero la batalla todavía no había terminado.

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Porque el juicio convertiría cada secreto de la familia Harrison en un espectáculo público.

Y Emily sería llamada a declarar.

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