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Chapter 9 - LA ÚLTIMA TRAMPA DE MERCEREmily no esperó.

Tomó la silla junto a la cama y la empujó contra la puerta.

La figura del corredor aceleró.

—Emily.

Mercer.

Su voz.

La misma voz que había perseguido a su familia durante años.

El agente de seguridad levantó el arma.

—¡Deténgase!

Mercer se apartó hacia una puerta lateral.

Se escuchó un golpe.

Después silencio.

Ethan corría por las escaleras de emergencia desde el piso inferior.

Los ascensores no funcionaban.

Daniel Cross coordinaba con la policía.

El fuego era pequeño.

Provocado.

Solo servía para cortar electricidad y crear caos.

Emily volvió a sentir una contracción.

—No.

Otra.

Más intensa.

Su obstetra entró con una linterna.

—Tenemos que moverla.

—¿El bebé?

—Está estresado.

Sacaron la cama al corredor.

En ese momento Mercer apareció desde una sala de suministros.

Llevaba una jeringa.

El agente reaccionó.

Mercer arrojó un carrito metálico contra él.

El arma cayó.

Emily gritó.

Mercer avanzó.

—Solo necesito treinta segundos.

La doctora se puso delante de Emily.

—No se acerque.

Mercer la empujó.

Pero antes de llegar a la cama, Ethan apareció.

Se lanzó sobre él.

Ambos hombres chocaron contra la pared.

La jeringa cayó.

Mercer golpeó a Ethan en la mandíbula.

Ethan respondió.

No peleaban como en una película.

Era torpe.

Brutal.

Desesperado.

Mercer intentó alcanzar la jeringa.

Emily la vio.

—¡Ethan!

Ethan pateó el objeto.

Se deslizó por el pasillo.

Los agentes llegaron.

Mercer fue reducido contra el suelo.

Durante segundos siguió forcejeando.

Después comprendió que había terminado.

Le pusieron esposas.

Emily empezó a llorar.

No de alivio.

De dolor.

La doctora miró el monitor portátil.

—Tenemos que ir a quirófano ahora.

—¿Qué pasa?

—El bebé no está tolerando bien las contracciones.

Ethan soltó a Mercer y corrió junto a Emily.

—Estoy aquí.

La llevaron por el corredor.

Mercer, esposado, sonrió desde el suelo.

Emily lo vio.

Aquello la perturbó.

—¿Por qué sonríes?

Mercer levantó la cabeza.

—Porque sigues creyendo que yo soy el final.

Ethan se detuvo.

—¿Qué significa eso?

Los agentes lo obligaron a ponerse de pie.

Mercer miró directamente a Emily.

—Pregunta quién modificó el fideicomiso después de la muerte de Richard.

Después se lo llevaron.

Las puertas del quirófano se cerraron.

El parto de emergencia duró cuarenta y siete minutos.

El niño nació pequeño.

Pero respirando.

Ethan lloró cuando escuchó el primer sonido.

Emily apenas podía mantener los ojos abiertos.

—¿Está bien?

—Sí.

La doctora sonrió.

—Es fuerte.

Lo llamaron Noah.

Durante las siguientes horas, mientras Emily descansaba y Noah era llevado a neonatología, Ethan no dejó de pensar en la última frase de Mercer.

¿Quién modificó el fideicomiso después de Richard?

Hugo Palmer fue llamado otra vez.

Revisó las fechas.

Su rostro cambió.

—Esto no es posible.

—¿Qué?

—La versión falsa fue presentada dos semanas después de la muerte de Richard.

—Eso lo sabemos.

—Sí. Pero no la presentó Mercer.

Ethan sintió frío.

—¿Quién?

Hugo señaló la firma de recepción.

Un abogado de la familia.

Thomas Reed.

Ethan conocía ese nombre.

Era el abogado personal de Margaret durante años.

Pero Thomas había muerto hacía cuatro meses.

—Entonces Mercer usó a Thomas.

Hugo negó lentamente.

—No.

—¿Por qué?

—Porque Thomas dejó una declaración sellada antes de morir.

—¿Qué dice?

Hugo abrió una caja de seguridad jurídica.

Sacó un sobre.

La declaración tenía una sola frase relevante:

Presenté la modificación bajo instrucciones directas de la persona que, tras la muerte de Richard Harrison, asumió el verdadero control de Crownwell Holdings.

Ethan frunció el ceño.

—Margaret.

Hugo lo miró.

—No.

Giró la hoja.

El nombre del mandante aparecía completo.

Jonathan Harrison.

Ethan sintió que todo volvía a romperse.

Su hermano no había sido un simple cómplice menor.

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Había controlado Crownwell desde hacía seis años.

Y acababa de desaparecer.

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