lucky

Chapter 7 - EL HOMBRE QUE NUNCA HABÍA PERDIDO EL CONTROLLa policía localizó a Mercer esa misma noche.

No estaba en su casa.

No estaba en el hospital.

No estaba en ninguno de sus consultorios.

Había desaparecido.

Margaret también.

Ethan sentía que el caso se deshacía y se aclaraba al mismo tiempo.

Cada nueva respuesta traía algo peor.

Emily, todavía hospitalizada, tomó una decisión.

—Quiero salir.

—No.

—Ethan.

—No.

—No puedo quedarme aquí esperando mientras ellos deciden cuándo atacar.

—Precisamente por eso debes quedarte.

Emily lo miró con firmeza.

—Mercer tiene acceso a hospitales. Ya lo demostró.

Ethan guardó silencio.

Ella tenía razón.

Al día siguiente fue trasladada a una clínica privada bajo un nombre temporal, con seguridad.

Daniel Cross consiguió recuperar datos del teléfono de Margaret.

Había mensajes eliminados.

Uno de ellos era especialmente revelador.

Mercer:

Richard murió porque dudaste. No repitas el error.

Margaret:

Emily no es David.

Mercer:

Su hijo sí es el final de nosotros.

Emily leyó la frase varias veces.

—Mercer es quien manda.

Ethan asintió.

Durante años todos habían asumido que Margaret controlaba a Mercer.

Quizá era al revés.

Hugo Palmer revisó archivos corporativos antiguos.

Encontró que Mercer había sido socio silencioso de una empresa farmacéutica vinculada a Crownwell.

David Walker había descubierto datos falsos de ensayos clínicos.

Si se demostraba, Mercer podía haber enfrentado prisión.

Richard empezó a investigarlo.

Después murieron David.

Y Richard.

—Mercer tenía el motivo —dijo Ethan.

—Y Margaret tenía el acceso —respondió Emily.

La teoría era devastadora.

Pero faltaba probarla.

Entonces Grace Wilton volvió a aparecer.

Pidió hablar directamente con Emily.

—Sé dónde puede estar Margaret.

—¿Dónde?

Grace explicó que décadas atrás Margaret poseía una casa cerca del lago Blackstone.

No figuraba ya a su nombre.

Se había transferido a Mercer.

—¿Por qué nunca lo dijo?

Grace bajó la mirada.

—Porque yo también recibí dinero para callar.

Emily sintió decepción.

—¿Sobre Richard?

—Sí.

—¿Cuánto?

—Suficiente para pagar el tratamiento de mi esposo.

Grace lloró.

—Me odio por eso.

Emily no la consoló.

—¿Qué vio?

Grace explicó que después de la muerte de Richard, Mercer entró en el despacho y cambió una caja de medicamentos.

Margaret observaba.

Grace lo vio.

Mercer la amenazó.

—¿Y ahora por qué habla?

—Porque vi cómo cayó usted.

Emily se quedó inmóvil.

—¿Estaba en la mansión?

—Sí.

—¿Vio el ataque?

—Desde la cocina.

—Entonces puede testificar.

Grace asintió.

Era la primera testigo directa independiente.

La policía organizó una operación en la casa del lago.

Ethan insistió en ir hasta el perímetro.

La propiedad parecía vacía.

Los agentes entraron.

Encontraron a Margaret.

Viva.

Atada a una silla.

Deshidratada.

Con una herida en la frente.

Mercer no estaba.

Cuando Ethan la vio en la ambulancia, sintió una mezcla insoportable de odio y alivio.

Margaret abrió los ojos.

—Ethan.

Él no respondió.

—Mercer…

—¿Qué?

—Él nunca iba a dejarme escapar.

—¿Escapar de qué?

Margaret empezó a llorar.

Era la primera vez que Ethan veía llorar a su madre de verdad.

—Todo empezó con David Walker.

Emily escuchaba por videollamada desde la clínica.

Margaret continuó.

Mercer falsificaba resultados.

David lo descubrió.

Margaret ayudó a cubrirlo porque Crownwell había invertido millones en la filial.

Cuando David amenazó con denunciar, Mercer saboteó su coche.

Emily cerró los ojos.

Su padre no murió en un accidente.

—¿Y Richard? —preguntó Ethan.

Margaret lloró más.

—Richard descubrió la verdad.

—Y lo dejaste morir.

Margaret no contestó.

No hacía falta.

—¿Por qué intentaste matar a Emily?

La mujer miró hacia el suelo.

—Mercer dijo que si nacía el niño, la auditoría sería inevitable. Que el fideicomiso abriría todas las cuentas.

—¿Te ordenó empujarla?

—Sí.

Ethan apretó los dientes.

—Y tú obedeciste.

Margaret cerró los ojos.

—Sí.

Emily sintió que algo dentro de ella se rompía y al mismo tiempo se acomodaba.

Ya tenía la verdad.

Pero entonces Margaret levantó la cabeza.

—Mercer no se fue solo.

Ethan se quedó quieto.

—¿Con quién?

Margaret miró a Jonathan.

Él había llegado minutos antes.

La expresión de Margaret cambió.

Miedo.

—Con él.

Todos giraron.

Jonathan palideció.

—¿Qué?

Margaret señaló a su hijo menor.

May you like

—Jonathan sabía todo desde antes.

Y fue él quien ayudó a Mercer a encontrar a Emily.

Related Stories

Other posts