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Chapter 6 - EL NOMBRE DE EMILY EN EL TESTAMENTOEmily pensó que había escuchado mal.

—Eso es imposible.

Jonathan pidió reunirse en persona.

Eligieron una cafetería privada cerca del hospital, con seguridad presente.

Jonathan llegó solo.

Parecía agotado.

—No participé en el ataque.

Ethan no le ofreció asiento.

—Empieza a hablar.

Jonathan sacó una carpeta.

—Encontré esto en una caja que mamá guardaba en Crownwell.

Era una copia de un informe de investigación sobre Emily.

Fecha: seis años atrás.

Emily todavía estudiaba en otra ciudad.

No conocía a Ethan.

No conocía a Margaret.

Pero el informe incluía fotografías suyas.

Direcciones.

Historial universitario.

Información de sus padres.

Ethan sintió rabia.

—¿Por qué papá investigaba a Emily?

Jonathan negó.

—No era papá.

Giró la página.

El cliente del investigador era Margaret.

Emily sintió frío.

—Ella me conocía antes.

—Sí.

Había otra pieza.

El padre biológico de Emily, a quien ella creyó muerto en un accidente cuando era niña, había trabajado para Harrison Biotech.

Su nombre era David Walker.

Ethan recordó vagamente haber oído hablar de él.

Un científico brillante.

Había muerto tras denunciar irregularidades.

Emily palideció.

—Mi madre siempre dijo que murió en carretera.

Jonathan sacó una carta.

—No.

David había descubierto que Margaret y Mercer estaban usando una filial para falsificar resultados clínicos y mover dinero.

Antes de morir, entregó pruebas a Richard Harrison.

Richard, horrorizado, prometió proteger a la familia de David.

Emily.

—Entonces papá sabía quién eras —dijo Ethan.

Jonathan asintió.

—Y cuando supo que Margaret había empezado a vigilarte, creó una cláusula.

—¿Qué cláusula?

Jonathan mostró el documento.

Si Emily Walker alguna vez tenía un hijo con un heredero Harrison, ese niño recibiría la mayoría del control societario.

Emily lo miró sin entender.

—¿Por qué algo tan específico?

Jonathan respondió:

—Porque Richard quería devolver a la familia de David lo que les habían robado.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Y cómo podía saber que Emily y yo…?

Jonathan negó.

—No lo sabía.

—Entonces la cláusula es absurda.

—No del todo.

Jonathan miró a Emily.

—Margaret hizo que ustedes se conocieran.

Silencio.

—¿Qué?

—La gala benéfica donde se conocieron. Mamá organizó tu invitación, Emily.

Emily recordó.

Un evento inesperado.

Una invitación obtenida a través de una fundación donde trabajaba temporalmente.

Margaret había estado allí.

Sonriendo.

—¿Por qué unirnos si no quería que tuviéramos hijos?

Jonathan respondió:

—Porque al principio quería controlarte a ti.

Ethan comenzó a comprender.

Margaret pensaba que si Emily se casaba con Ethan, podría controlar cualquier reclamación futura relacionada con David Walker desde dentro de la familia.

Pero luego Emily quedó embarazada.

Y la cláusula de Richard convirtió el plan en una amenaza.

—Entonces mi matrimonio empezó como parte de una estrategia —dijo Emily.

Ethan negó rápidamente.

—Yo no sabía nada.

Emily lo miró.

—Lo sé.

Pero dolía igual.

Jonathan sacó otra hoja.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—El informe sobre David Walker dice que su accidente tampoco fue investigado correctamente.

Emily sintió que la garganta se cerraba.

—¿Estás diciendo que Margaret mató a mi padre?

—No sé.

Ethan tomó los papeles.

—¿Y dónde está mamá?

Jonathan negó.

—No lo sé.

—Mentira.

—No.

—Viniste a verla.

—Sí.

—¿Dónde?

Jonathan dudó.

Ethan golpeó la mesa con la palma.

—¿Dónde?

—En la vieja clínica Mercer.

Daniel Cross, que escuchaba por auricular, intervino desde otra sala:

—Ethan, no vayas.

Pero Ethan ya estaba recogiendo la carpeta.

La clínica estaba cerrada desde hacía dos años.

Llegaron con policía.

El edificio parecía abandonado.

Sin embargo, en el sótano encontraron luces encendidas.

Una habitación tenía ordenadores.

Archivos.

Medicamentos.

Y fotografías recientes de Emily saliendo del hospital.

Ethan sintió náuseas.

Habían estado vigilándola.

En una mesa había una jeringa etiquetada con un medicamento capaz de provocar contracciones intensas.

Emily, que esperaba en el coche, recibió la noticia por teléfono.

—¿Lo iban a usar conmigo?

—No lo sé.

Entonces uno de los policías llamó a Ethan desde otra sala.

—Señor Harrison.

—¿Qué?

—Encontramos sangre.

Ethan corrió.

Había una silla caída.

Sangre fresca.

Y un teléfono en el suelo.

El de Margaret.

La pantalla mostraba un mensaje enviado una hora antes.

Ya no puedo seguir. Emily sabe demasiado.

La respuesta decía:

Entonces termina lo que empezaste.

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Pero esta vez el número no estaba oculto.

Pertenecía a Alan Mercer.

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