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Chapter 4 - EL MÉDICO DE MARGARETEmily apretó el botón de llamada inmediatamente.

Cuando una enfermera apareció, pidió que bloquearan cualquier acceso de Alan Mercer a su expediente.

—No autorizo nada.

La enfermera asintió, confundida.

Grace ya se había marchado por la puerta trasera de la habitación.

Diez minutos después, Mercer apareció en el corredor.

Era un hombre alto, de sesenta y cinco años, cabello blanco y movimientos tranquilos. Llevaba bata médica aunque ya no trabajaba oficialmente en aquel hospital.

Emily lo observó a través del cristal.

Mercer sonrió al verla.

Aquella sonrisa la hizo sentir enferma.

Entró.

—Emily.

—No puede estar aquí.

—Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.

—Salga.

Mercer levantó ambas manos.

—No necesitas alterarte.

—¿Quién lo llamó?

—Margaret está preocupada.

Emily se quedó inmóvil.

—Entonces sabe dónde está.

Mercer no respondió.

Ese silencio fue suficiente.

—¿Dónde está?

—No puedo hablar de asuntos personales.

Emily sacó su teléfono.

—Entonces hablará con la policía.

Mercer cambió ligeramente de expresión.

—No sabes en qué te estás metiendo.

Emily sintió que el miedo se convertía en rabia.

—Eso me dijo Margaret antes de empujarme.

El médico la observó unos segundos.

—Margaret comete errores cuando se siente acorralada.

—¿Está admitiendo que lo hizo?

—Estoy diciendo que deberías pensar en tu hijo.

Emily apretó el teléfono.

—Salga.

Mercer se acercó un paso.

—Ese bebé puede tener complicaciones hereditarias.

Emily lo miró.

—¿Qué complicaciones?

—Hay antecedentes en la familia Harrison.

—Mi obstetra nunca dijo eso.

—Porque no conoce el historial completo.

Mercer dejó una tarjeta sobre la mesa.

—Si empiezas con contracciones, pide que me llamen.

Emily no tocó la tarjeta.

—Antes muerta.

Mercer sonrió apenas.

—Eso también puede pasar.

Salió.

Emily quedó congelada.

Cuando Ethan regresó horas después, le contó todo.

También le mostró la memoria USB.

—Grace dijo que no te la diera.

—¿Por qué?

—Porque cree que Margaret podría intentar algo peor.

Ethan conectó la memoria en un portátil aislado.

El video estaba fechado seis años antes.

Mostraba el pasillo exterior del despacho de Richard Harrison.

No había audio al principio.

Richard entró.

Cinco minutos después, Margaret.

Después Mercer.

La puerta se cerró.

Cuarenta minutos pasaron en el registro.

Entonces Margaret salió.

Parecía alterada.

Mercer apareció detrás.

Miró alrededor.

Volvió a entrar.

Diez minutos más tarde, dos empleados salieron corriendo.

Después llegó una ambulancia.

Ethan apretó la mandíbula.

—No prueba nada.

Emily lo miró.

—Hay audio.

En la esquina del archivo aparecía un segundo canal.

Lo activaron.

El sonido era defectuoso, pero algunas frases se entendían.

Richard:

—No firmaré.

Margaret:

—Entonces perderás la compañía.

Richard:

—Prefiero verla destruida antes que dejarla en tus manos.

Después Mercer:

—Richard, cálmate.

Ruido.

Un golpe.

Margaret:

—¿Qué le pasa?

Mercer:

—Está entrando en crisis.

Richard, respirando mal:

—Llama… a una ambulancia.

Silencio.

Margaret habló entonces.

—Espera.

Ethan se quedó petrificado.

Mercer:

—Margaret…

—Espera.

Pasaron casi cuatro minutos.

Cuatro minutos durante los cuales Richard respiraba con dificultad.

Después el audio terminó.

Ethan cerró el portátil.

No podía hablar.

Emily le tocó el brazo.

—Ethan…

—La dejó morir.

Su voz salió rota.

—Mi madre dejó morir a mi padre.

En ese momento Daniel Cross llamó.

—Encontré la copia del video de la escalera.

Ethan se puso de pie.

—¿Dónde?

—En Crownwell.

—¿Se ve todo?

Hubo una pausa.

—Sí.

—Entonces envíamela.

—Hay un problema.

Ethan apretó el teléfono.

—¿Cuál?

—El video tiene una segunda pista.

—¿Qué pista?

—Audio.

Emily dejó de respirar.

Daniel continuó:

—Y antes de que Margaret empuje a Emily, recibe una llamada.

—¿De quién?

—No se ve el nombre.

—¿Qué dice?

Daniel tardó un segundo.

—Alguien le dice: “Hazlo hoy. Antes de que Ethan descubra el testamento.”

Ethan sintió frío.

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Margaret no había actuado sola.

Alguien había ordenado el ataque.

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