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Chapter 8 - EL SEGUNDO HIJOJonathan dio un paso atrás.

—Está mintiendo.

Margaret estaba débil, pero sostuvo la mirada.

—Tú entregaste los informes.

—Porque tú me los pediste.

—También encontraste a Mercer después de que Richard murió.

—¡Porque quería saber qué había pasado!

Ethan miró a su hermano.

—¿Qué parte no me contaste?

Jonathan apretó los labios.

—No aquí.

—Ahora.

Los agentes los separaron físicamente.

Jonathan respiró hondo.

—Yo tenía diecinueve años cuando papá murió.

—¿Y?

—Sabía que mamá y Mercer escondían algo.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque Mercer tenía pruebas contra mí.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué pruebas?

Jonathan bajó la mirada.

—Había usado dinero de Crownwell para cubrir deudas.

—¿Cuánto?

—Doscientos mil.

Ethan soltó una risa amarga.

—Vendiste tu silencio.

—Era un idiota.

—Y ahora.

Jonathan levantó la vista.

—Ahora intenté arreglarlo.

Margaret negó.

—No.

Todos la miraron.

—Jonathan volvió porque Mercer le prometió una parte del control si el bebé no nacía.

Jonathan explotó.

—¡Eso es mentira!

—¿Entonces por qué estabas en Nueva York?

—¡Para conseguir los documentos!

—¿Para Ethan?

Jonathan guardó silencio.

Ethan sintió que su respuesta ya estaba ahí.

—¿Para quién?

Jonathan no respondió.

La policía tomó su teléfono.

Encontraron mensajes con Mercer.

Algunos parecían incriminatorios.

M: El niño cambia todo.

J: Lo sé.

M: Necesito que me digas cuándo Ethan se entere.

J: Te avisaré.

Emily sintió frío.

Jonathan había sido la persona que informó sobre el testamento.

Pero él insistía:

—Yo fingía ayudarlo para encontrarlo.

Ethan no sabía qué creer.

Entonces Daniel Cross encontró un dato crucial.

La llamada a Margaret antes del empujón no provenía del teléfono de Jonathan.

Era una clonación de voz.

—¿Una clonación?

—Sí. Mercer tomó muestras de entrevistas corporativas públicas.

Emily cerró los ojos.

Entonces Jonathan no había ordenado el ataque.

Alguien quería que pareciera que sí.

—¿Para qué?

Daniel respondió:

—Para destruir la relación entre los hermanos si el plan salía mal.

Mercer estaba siempre dos pasos adelante.

Margaret fue arrestada formalmente después de recibir atención médica.

Jonathan quedó bajo investigación por encubrimiento financiero, pero no por intento de homicidio.

La policía rastreó a Mercer durante tres días.

Nada.

Hasta que Emily recibió una llamada.

Número desconocido.

Contestó.

—¿Sí?

La voz de Mercer.

—Tu padre fue más valiente de lo que pensé.

Emily sintió que se le congelaban las manos.

Hizo una señal al agente que estaba con ella.

Empezaron a rastrear.

—¿Dónde estás?

Mercer rio.

—Lo suficientemente cerca.

—¿Qué quieres?

—Cerrar un ciclo.

—Ya perdiste.

—No.

Su voz seguía tranquila.

—Tu hijo todavía no nació.

Emily respiró lentamente.

—No te acercarás a él.

—Eso decía David de ti.

La frase la atravesó.

—¿Lo viste antes de morir?

Silencio.

—¿Mercer?

—Sí.

Emily apretó el teléfono.

—¿Lo mataste tú?

—Yo corregí un problema.

Ethan, escuchando desde otro dispositivo, cerró los puños.

Mercer continuó:

—David tuvo la oportunidad de callar. Richard también. Margaret también. Todos eligieron mal.

Emily respondió:

—Y tú crees que yo voy a tener miedo.

—Lo tienes.

—Sí.

Mercer quedó en silencio.

Emily siguió.

—Pero no voy a obedecer.

La llamada duró lo suficiente.

El rastreo encontró una torre cercana.

Muy cercana.

A menos de dos kilómetros de la clínica.

Los agentes se movilizaron.

Ethan pidió evacuar.

Pero antes de que pudieran mover a Emily, las luces del edificio se apagaron.

Un segundo después, también los monitores.

El generador debería haberse activado.

No lo hizo.

La alarma comenzó a sonar.

Emily sintió una contracción fuerte.

Después otra.

Miró al agente.

—Algo está mal.

En el corredor alguien gritó:

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—¡FUEGO EN EL CUARTO ELÉCTRICO!

Y en medio de la oscuridad, Emily vio una figura con bata médica caminando directamente hacia su habitación.

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