Chapter 8 - LA DECISIÓN DE SCARLETTScarlett y Elise entraron en la sala juntas.

Aquello sorprendió a todos.
Mara fue a buscarlas después de hablar con la psicóloga. Las dos niñas habían pedido saber si podían volver a ver a sus padres.
Elise llevaba todavía su vestido rosa.
Scarlett, el azul.
No parecían rivales.
Parecían dos niñas demasiado pequeñas para el peso que los adultos habían colocado sobre ellas.
Vivienne se puso de pie.
—Scarlett.
Su hija no corrió hacia ella.
—¿Es verdad que Aunt Sofia era tu hermana?
La palabra Aunt pareció golpear a Vivienne.
—Sí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Vivienne abrió la boca.
No encontró una respuesta que pudiera simplificarse para una niña.
—Porque estaba enojada.
Scarlett miró a Elise.
—Entonces somos familia.
Elise miró a su padre.
Alexander asintió suavemente.
—De alguna manera, sí.
Scarlett frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué mamá quería que yo tomara su baile?
Nadie podía proteger a Vivienne de esa pregunta.
Ella se arrodilló.
—Porque cometí un error.
Scarlett negó.
—Cortaste sus zapatos.
—Sí.
—Eso no es un error.
Mara cerró los ojos un instante.
Los niños a veces encontraban palabras más precisas que los adultos.
—Fue una decisión mala —admitió Vivienne, llorando—. Muy mala.
Scarlett miró a Elise.
—Lo siento.
Elise respondió:
—Tú no lo hiciste.
Vivienne bajó la cabeza.
Elise se acercó a ella.
No demasiado.
Lo suficiente.
—¿Por qué no querías que bailara?
Aquella era la pregunta central.
La que Vivienne había evitado toda la noche.
Ahora no quedaba ningún beneficio en mentir.
—Porque creía que si bailabas esta noche, se abrirían papeles que iban a demostrar que Sofia había elegido darte todo y dejar a Scarlett fuera.
Elise frunció el ceño.
—Pero no pasó eso.
—No.
—Entonces te equivocaste.
Vivienne asintió.
—Sí.
Elise pensó unos segundos.
—Y rompiste mis zapatos por algo que ni siquiera sabías.
La mujer volvió a asentir.
Alexander observaba en silencio.
Su hija acababa de resumir toda una vida de resentimiento en una sola frase.
Vivienne había dañado lo real por miedo a una verdad imaginada.
Peter Walsh aclaró las consecuencias.
Por la cláusula de Sofia y por la evidencia financiera encontrada, Vivienne quedaba suspendida inmediatamente de la dirección de la fundación. Las transferencias a su consultora serían auditadas. La falsificación de firmas sería enviada a autoridades correspondientes.
Vivienne no protestó.
Ya no tenía energía para fingir.
Scarlett preguntó:
—¿Eso significa que mamá va a la cárcel?
Alexander intervino con cuidado.
—Eso lo decidirán adultos que revisarán exactamente qué pasó. Ahora mismo significa que tu mamá ya no puede dirigir la fundación.
Scarlett apretó los labios.
—¿Puedo seguir bailando?
Mara se acercó.
—Si tú quieres bailar y sigues trabajando, sí.
Scarlett miró a Elise.
—¿Y ella?
—También.
Las niñas se miraron.
Era tan simple.
Dos lugares.
Dos talentos.
Dos infancias.
Nunca habían necesitado una guerra.
Alexander se volvió hacia Vivienne.
—Mañana entregarás todas las claves, contratos y cuentas.
Ella asintió.
—Y Scarlett no pierde su beca por lo que tú hiciste.
Vivienne levantó la cabeza sorprendida.
—¿Por qué?
Alexander miró a las niñas.
—Porque Sofia fue más inteligente que todos nosotros.
La respuesta produjo algo parecido a una sonrisa rota en Vivienne.
Pero quedaba un último asunto.
Daniel Cross entró en la sala.
—Señor, encontramos el origen de las firmas falsas.
Alexander se giró.
—¿Vivienne?
Daniel negó.
—No.
Vivienne también levantó la cabeza.
—Entonces ¿quién?
Daniel dejó una carpeta frente a Samuel.
—Jonathan Lowell las preparó antes de morir y dejó autorizaciones en blanco. Alguien siguió usándolas después.
Samuel palideció.
—Eso significa que otra persona estaba moviendo dinero desde la fundación después de su muerte.
Alexander sintió que el final todavía no había llegado.
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Vivienne también.
Y por primera vez aquella noche, ambos tenían miedo del mismo secreto.