Chapter 2 - EL SOLO QUE ALGUIEN QUERÍA BORRARMara llevó a Elise al vestuario privado.

Alexander quiso acompañarla, pero la niña le pidió cinco minutos a solas con la profesora. Necesitaba recuperar la respiración y comprobar que las nuevas zapatillas no le hacían daño.
Él aceptó.
Cuando salió al pasillo, encontró a Vivienne hablando por teléfono.
—Cancela todo —decía en voz baja—. No importa cómo.
Al verlo, colgó.
Alexander caminó hacia ella.
—¿Qué quieres cancelar?
—La conversación contigo.
—Mala respuesta.
Vivienne cruzó los brazos.
—No puedes entrar aquí después de semanas sin aparecer y decidir que sabes lo que ocurre.
—Mi hija acaba de decirme suficiente.
—Tu hija es sensible.
—Tiene siete años.
—Precisamente.
Alexander miró hacia la puerta del vestuario.
—¿Desde cuándo intentas sacar a Elise de las presentaciones?
Vivienne soltó una respiración molesta.
—No la estoy “sacando”. Scarlett está mejor preparada para representar al conservatorio esta temporada.
Mara salió justo entonces.
—Eso es falso.
Vivienne giró hacia ella.
—No te pedí opinión.
Mara continuó:
—Elise ganó la selección interna hace tres semanas. Tengo las hojas de evaluación.
Alexander levantó la mirada.
—Quiero verlas.
Vivienne respondió demasiado rápido.
—No existen copias oficiales.
Mara la miró con sorpresa.
—Claro que existen.
—El sistema fue actualizado.
—Yo imprimí las puntuaciones.
Vivienne quedó callada.
Alexander captó la tensión.
—¿Dónde están?
Mara volvió al estudio y abrió un archivador.
Vacío.
Su expresión cambió.
—Estaban aquí ayer.
Vivienne sonrió con desprecio.
—Entonces quizá deberías administrar mejor tus papeles.
Alexander no dijo nada.
Uno de sus hombres de seguridad, Daniel Cross, se acercó discretamente.
—¿Señor?
Alexander habló sin mirar a Vivienne.
—Revisa cámaras del edificio. Desde ayer por la tarde.
Vivienne se volvió.
—No tienes autoridad para revisar las cámaras del conservatorio.
Alexander la observó.
—¿Segura?
Ella no respondió.
Aquella pregunta quedó flotando.
Minutos después, Elise regresó.
Las zapatillas nuevas le quedaban bien.
Todavía tenía los ojos húmedos, pero estaba de pie con una determinación que sorprendió a su padre.
—Quiero bailar.
Alexander se agachó.
—¿Estás segura?
—Mamá decía que si estás asustada pero todavía quieres hacerlo, entonces tienes que hacerlo más despacio.
Él sonrió con tristeza.
Sofia Bennett.
La madre de Elise.
Muerta tres años antes por una enfermedad agresiva.
Había sido bailarina profesional durante su juventud y, posteriormente, una de las principales benefactoras del conservatorio.
Alexander besó la frente de su hija.
—Entonces hazlo más despacio.
Scarlett apareció desde el pasillo.
Era una niña rubia, también de siete años, con un vestido de ensayo azul claro. Miró a Elise, luego a Vivienne.
—Mom, ¿Elise todavía va a bailar?
La palabra Mom confirmó algo que Alexander ya sabía, pero que la mayoría de padres del conservatorio no entendía del todo: Scarlett era hija de Vivienne.
—Vuelve al vestuario —dijo la mujer.
Scarlett no se movió.
—Pero Elise ganó.
Vivienne palideció de rabia.
—He dicho que vuelvas.
Scarlett bajó la cabeza y obedeció.
Alexander siguió al niño con la mirada.
—Ni siquiera tu propia hija está de acuerdo contigo.
Vivienne apretó la mandíbula.
—No metas a Scarlett en esto.
—Tú la metiste cuando intentaste robarle un solo a otra niña para dárselo.
—No entiendes lo que está en juego.
Eso llamó su atención.
—Entonces explícame.
Vivienne comprendió que había dicho demasiado.
—La reputación del conservatorio.
Alexander soltó una risa breve.
—Cortaste una zapatilla por reputación.
No obtuvo respuesta.
Daniel Cross regresó.
—Las cámaras del corredor fueron borradas entre las nueve y las diez de anoche.
Mara abrió mucho los ojos.
—¿Borradas?
Daniel asintió.
—Pero una cámara exterior del estacionamiento muestra a la señora Hale entrando al edificio a las nueve y doce.
Vivienne perdió ligeramente el color.
Alexander la miró.
—¿Viniste anoche?
—Tenía trabajo administrativo.
—Dijiste que no administrabas los registros de evaluación.
Silencio.
Mara frunció el ceño.
—¿Por qué necesitarías entrar a mi estudio?
Vivienne se volvió hacia ella.
—No tienes derecho a interrogarme.
Alexander intervino.
—Ella no. Yo sí.
—Otra vez con tus delirios de autoridad.
Alexander no respondió.
El aviso de cinco minutos para la función sonó por los altavoces.
Elise se giró hacia el escenario.
Mara tomó su mano.
—Es hora.
Mientras se alejaban, Alexander vio algo caer del bolso de Vivienne.
Una pequeña llave de oficina.
La recogió antes de que ella pudiera hacerlo.
Tenía una etiqueta.
ARCHIVO — FUNDACIÓN SOFIA BENNETT.
Alexander levantó lentamente la vista.
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Vivienne dejó de respirar.
Por fin había aparecido el primer indicio de que aquello nunca había sido solo sobre ballet.
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