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Chapter 4 - LA HERMANA QUE NADIE NOMBRABAVivienne cerró la puerta detrás de sí.

Ya no parecía furiosa.

Parecía acorralada.

Alexander sostenía la carta de Sofia en una mano.

—¿Eres su hermana?

Mara miraba a Vivienne como si acabara de descubrir que había estado trabajando junto a una extraña disfrazada de conocida.

—Sofia nunca habló de una hermana.

Vivienne soltó una risa amarga.

—Claro que no.

Alexander no apartó los ojos de ella.

—Contesta.

—Sí.

Una palabra.

Eso bastó.

Vivienne caminó hacia una silla, pero no se sentó.

—Media hermana.

Alexander sintió una mezcla de incredulidad y rabia.

—¿Por parte de quién?

—De su padre.

El padre de Sofia, Jonathan Lowell, había muerto antes de que Alexander conociera a su esposa. Sofia siempre habló de él como un hombre ausente, difícil, lleno de secretos.

—¿Sofia lo sabía?

Vivienne lo miró.

—Desde los dieciocho.

—¿Y yo?

—No eras asunto mío.

Mara intervino.

—Pero su fundación sí era asunto tuyo.

Vivienne volvió la mirada hacia ella.

—Sofia me incluyó.

Alexander levantó la carta.

—Parece que te incluyó en algo. No te dio permiso para falsificar firmas de mi padre muerto.

Vivienne se tensó.

—No falsifiqué nada.

Daniel dejó una copia de la transferencia sobre la mesa.

—Entonces tiene un problema mayor.

Ella miró la fecha.

No respondió.

Alexander se acercó.

—¿Quién lo hizo?

Vivienne apretó los labios.

—No lo sé.

—Mentira.

—No sabes nada de cómo funcionaba Sofia.

La frase lo golpeó.

—Conocía a mi esposa.

—Conocías a la mujer que te dejaba conocer.

Alexander dio un paso.

—Cuidado.

Vivienne se volvió hacia la ventana.

—Sofia siempre fue la elegida. La hija reconocida. La bailarina talentosa. La mujer que consiguió la familia, el dinero y la vida correcta. Yo era la hija que nuestro padre escondía.

Mara comprendió algo.

—Por eso Scarlett.

Vivienne giró.

—No metas a mi hija.

—La estás usando para competir con Elise en una guerra que empezó antes de que ambas nacieran.

Vivienne perdió la calma.

—Scarlett merece algo propio.

—Entonces deja que lo gane —respondió Mara.

La frase dejó a Vivienne sin argumento durante unos segundos.

Alexander volvió a mirar los documentos.

—¿Qué instrucciones dejó Sofia para Scarlett?

Vivienne no respondió.

Daniel encontró un sobre marcado con ese nombre.

PARA SCARLETT HALE.

Sellado.

Sin abrir.

Vivienne se lanzó hacia él.

—No.

Alexander lo tomó antes.

—¿Por qué no lo abriste?

—Porque no es tuyo.

—Tampoco era tuyo esconderlo.

Vivienne respiraba demasiado rápido.

—Scarlett no necesita leerlo.

Alexander sostuvo el sobre.

—Eso lo decide ella cuando tenga edad suficiente, no tú.

Mara encontró otro documento.

Era una distribución del programa de becas.

Dos líneas destacaban:

Elise Bennett: plaza protegida de formación, únicamente si supera evaluación independiente.

Scarlett Hale: idéntico derecho de evaluación y beca, sin prioridad por parentesco.

Mara levantó la vista.

—Sofia las trató exactamente igual.

Vivienne apretó la mandíbula.

—No.

—Aquí está.

—¡No!

El grito resonó en la oficina.

Por fin aparecía el núcleo emocional.

Vivienne no quería igualdad.

Quería compensación.

No para Scarlett.

Para ella.

Alexander bajó la voz.

—Has estado intentando convertir la vida de tu hija en una revancha contra una mujer muerta.

Vivienne se volvió hacia él con lágrimas de rabia.

—Tú no entiendes lo que fue crecer sabiendo que tu padre iba a recitales de otra niña mientras a ti te decía que no podía reconocerte.

Hubo un silencio.

Por primera vez, Alexander entendió parte del dolor.

Pero el dolor no justificaba lo que había hecho.

—Lo entiendo lo suficiente para saber que no debiste repetirlo con Elise.

Vivienne apartó la mirada.

Daniel recibió una llamada.

Escuchó.

—Señor, tenemos un problema.

—¿Qué?

—Scarlett no está en el vestuario.

Vivienne giró de inmediato.

—¿Qué dices?

—La última vez que la vieron fue hace quince minutos.

Mara palideció.

Alexander dejó los documentos.

—Busquen todo el edificio.

Vivienne corrió hacia la puerta.

Por primera vez aquella noche, no era la mujer manipuladora.

Era una madre aterrada.

Y mientras todos salían de la oficina, Alexander encontró algo más debajo del sobre de Scarlett.

Una hoja escrita por Sofia.

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Solo una línea estaba visible:

“Vivienne nunca debe saber por qué Jonathan quiso reconocer finalmente a Elise antes de morir.”

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