Chapter 5 - SCARLETT EN EL TEATRO VACÍOEncontraron a Scarlett en el escenario.

El teatro estaba vacío después de la función. Las luces principales se habían apagado y solo quedaba una iluminación azul tenue sobre el suelo.
La niña estaba sentada en el centro.
Descalza.
Sus zapatillas estaban a un lado.
Vivienne llegó primero.
—¡Scarlett!
Corrió hacia ella y se arrodilló.
—¿Qué haces aquí? ¿Por qué te fuiste?
Scarlett no la abrazó.
Miró a su madre.
—¿Cortaste los zapatos de Elise?
Vivienne quedó inmóvil.
La niña había oído suficiente.
—Scarlett…
—¿Sí o no?
Mara, Alexander y Daniel se mantuvieron a cierta distancia.
Vivienne tragó saliva.
—Yo quería proteger tu oportunidad.
Scarlett empezó a llorar.
—Pero yo no gané.
La frase fue tan sencilla que destruyó toda construcción adulta.
—No importa —dijo Vivienne—. Tú eres igual de buena.
—Entonces podía bailar otra cosa.
Vivienne cerró los ojos.
Scarlett siguió:
—Elise me dijo que mi giro era bonito.
Mara bajó la cabeza.
La crueldad entre adultas no había conseguido enseñar crueldad a las niñas.
Vivienne intentó tomarla de la mano.
Scarlett la retiró.
—No quiero bailar si tienes que romper cosas para que yo gane.
Alexander sintió un dolor extraño.
Scarlett era víctima también.
No de la misma manera que Elise.
Pero sí de una madre que había convertido su infancia en instrumento de una herida antigua.
Vivienne se puso de pie.
La vulnerabilidad desapareció rápidamente y fue reemplazada por defensa.
—No puedes juzgarme. Ninguno puede.
Alexander respondió:
—No estamos juzgando tu infancia. Estamos juzgando lo que hiciste con la de ellas.
Scarlett miró a Alexander.
—¿Elise está bien?
—Sí.
—¿Está llorando?
—Ahora está con la profesora.
Scarlett bajó la cabeza.
—Quiero decirle perdón.
Vivienne intervino.
—Tú no tienes que pedir perdón por nada.
Scarlett la miró.
—Entonces tú.
La mujer quedó inmóvil.
No respondió.
Mara se acercó a la niña.
—Vamos a buscar a Elise cuando estés preparada.
Scarlett asintió.
Mientras Mara la acompañaba fuera del teatro, Alexander se volvió hacia Vivienne.
—Esto termina.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Otra vez con tu amenaza?
—No era una amenaza física.
—Ya lo imaginé.
—Me refería a tu posición aquí, a tus accesos, a las cuentas de la fundación y a cualquier capacidad que tengas para volver a tomar una decisión sobre Elise.
Vivienne palideció.
—No puedes echarme de una fundación creada por mi propia hermana.
Alexander sacó la carta.
—Creo que Sofia puede haber dejadome exactamente esa capacidad.
Vivienne miró la hoja.
—No conoces todo el testamento.
—Tú tampoco, aparentemente.
Daniel regresó con una actualización.
—El abogado de la fundación viene en camino. También localizamos al antiguo contable de su padre.
Vivienne cambió de expresión.
—¿Qué contable?
—Samuel Pierce.
Ella quedó quieta.
Alexander captó el miedo.
—Lo conoces.
—Era un empleado de Jonathan.
—¿Y?
Silencio.
Alexander se acercó.
—¿Qué estás escondiendo sobre Jonathan?
Vivienne miró hacia el pasillo por donde Scarlett acababa de irse.
—Nada que importe ya.
—Si no importara, no tendrías miedo.
Ella respiró hondo.
—Jonathan quiso reconocerme legalmente al final de su vida.
Alexander recordó la frase de Sofia.
“Jonathan quiso reconocer finalmente a Elise…”
No coincidía.
—No —dijo despacio—. La carta de Sofia dice otra cosa.
Vivienne se tensó.
—¿Qué carta?
Alexander no respondió.
Ahora entendía por qué la mujer quería impedir que Elise bailara en aquella función.
Todavía no sabía el mecanismo.
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Pero sabía que la presentación estaba conectada a algo que Sofia y Jonathan habían dejado pendiente.
Y que Vivienne temía que una niña de siete años, simplemente bailando, activara una verdad enterrada.
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