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Chapter 3 - LA FUNDACIÓN DE SOFIALa función empezó puntual.

El público llenaba el pequeño teatro del conservatorio, una sala elegante de madera oscura y terciopelo azul. Alexander ocupó una butaca en primera fila.

Vivienne estaba tres asientos más lejos.

Ninguno se miró.

Sobre el escenario, Elise apareció junto al resto del grupo infantil.

Por un instante parecía todavía la niña que había llorado por una zapatilla cortada.

Entonces comenzó la música.

Y cambió.

No era perfecta.

Ninguna niña de siete años lo era.

Pero tenía algo más difícil de enseñar: sensibilidad. Escuchaba la música antes de moverse. Esperaba. Respiraba. Sus brazos seguían la melodía con una delicadeza que hizo que Alexander sintiera un dolor antiguo.

Sofia bailaba así.

No exactamente los mismos pasos.

La misma forma de habitar el silencio entre ellos.

Cuando llegó el pequeño solo central, Elise dudó apenas un segundo.

Buscó a su padre con los ojos.

Alexander asintió.

Ella continuó.

Desde un lateral del escenario, Scarlett observaba.

No había celos en su rostro.

Solo tristeza.

Cuando terminó el solo, el público aplaudió.

Vivienne no.

Su rostro se había endurecido.

Después de la función, Alexander no permitió que la fiesta posterior lo distrajera. Entregó la llave encontrada a Daniel y pidió acceso al archivo de la fundación.

Mara insistió en acompañarlos.

—Sofia era mi mentora —explicó—. Si alguien ha estado manipulando sus documentos, quiero saberlo.

La oficina estaba en el segundo piso del conservatorio. La llave abrió sin dificultad.

Dentro encontraron cajas con fotografías, programas antiguos, contratos de becas y documentos legales de la Fundación Sofia Bennett para Jóvenes Bailarines.

Alexander conocía la fundación.

Él mismo había ayudado a financiarla después de la muerte de su esposa.

Lo que no conocía era la participación de Vivienne.

Mara sacó una carpeta.

—Esto no debería estar aquí.

Era un acuerdo de dirección artística provisional.

Firmado hacía ocho meses.

Directora interina:

Vivienne Hale.

Alexander frunció el ceño.

—¿Quién la nombró?

Mara negó.

—El consejo votó una dirección temporal, pero creí que era únicamente para administración externa.

Daniel encontró otra carpeta.

—Hay transferencias.

Pagos de la fundación a una empresa llamada Hale Arts Consulting.

Vivienne.

Alexander sintió que el conflicto acababa de dejar de ser personal.

—¿Cuánto?

—Más de ciento ochenta mil dólares en un año.

Mara se quedó helada.

—Eso no puede ser.

—Puede —respondió Daniel—. Está firmado.

Pero no por Alexander.

El nombre de quien autorizaba los pagos era Charles Bennett, padre de Alexander.

El abuelo de Elise.

Alexander observó la firma.

—Mi padre murió hace once meses.

Una transferencia tenía fecha de cuatro meses atrás.

Mara se llevó una mano a la boca.

—Entonces es falsa.

Daniel tomó fotografías.

En el último cajón encontraron una carpeta etiquetada:

SOFIA — SUCESIÓN ARTÍSTICA.

Vivienne había intentado ocultarla detrás de varios archivos contables.

Alexander la abrió.

Había una carta de Sofia.

Su letra.

Su firma.

Fecha:

dos semanas antes de su muerte.

Alexander sintió un nudo en el pecho.

No sabía que aquella carta existía.

Empezó a leer.

“Si Elise algún día decide bailar, nadie deberá obligarla a hacerlo por mi nombre. Pero tampoco deberá ser apartada de oportunidades que gane por mérito. La fundación no pertenece a una familia ni a una sola niña. Existe para proteger a jóvenes artistas de adultos que confunden talento con propiedad.”

Mara cerró los ojos.

—Eso era Sofia.

Alexander siguió.

“Mi hermana sabe que he dejado instrucciones distintas para Scarlett y Elise. Espero que algún día las entienda.”

El mundo se detuvo.

Mara lo miró.

Daniel también.

Alexander volvió a leer una sola palabra.

Mi hermana.

Se giró lentamente hacia la puerta.

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Vivienne estaba allí.

Y por primera vez, la mujer rubia ya no pudo ocultar que el secreto que llevaba años protegiendo acababa de abrirse.

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