Chapter 6 - LA CASA DEL LAGOLa propiedad estaba a poco más de una hora de la mansión.

Una antigua casa de campo junto a un lago oscuro, rodeada de árboles densos y caminos de grava casi borrados por el abandono. La policía llegó con discreción, pero Adrian ya sentía el peso de cada minuto como un castigo.
Si Elena estaba allí, necesitaba encontrarla.
Si no estaba, necesitaba saber quién había decidido enterrarla en silencio.
El operativo descubrió la verdad por capas.
Primero, la casa.
Había señales recientes de uso:
comida enlatada,
medicación,
mantas,
una habitación cerrada con llave.
Después, el sótano.
Allí encontraron cadenas en la pared, una cama de campaña y varias cajas con documentos quemados parcialmente.
No estaba vacía por casualidad.
Alguien había intentado borrar las huellas con prisa.
Adrian sintió que se le revolvía el estómago.
Pierce lo detuvo antes de que bajara más.
—Necesito que me deje hacer mi trabajo.
Adrian apretó la mandíbula, pero obedeció.
Un agente subió poco después con una libreta y una fotografía.
—Detective.
Pierce tomó ambos objetos.
La foto mostraba a Elena.
Más delgada.
Sentada en un banco junto al lago.
Con Eva en brazos cuando aún era un bebé.
El dorso tenía una fecha de dos años atrás.
Adrian sintió que las piernas apenas lo sostenían.
—Estaba viva.
Pierce asintió.
—Y probablemente aquí.
La libreta parecía un diario incompleto. Varias páginas habían sido arrancadas, pero las que quedaban bastaron para helar a todos.
La letra era de Elena.
“Julian dice que Adrian no quiere vernos.”
“No le creo, pero cada carta desaparece.”
“Vivienne vino hoy. Me dijo que, si de verdad amo a mi hija, debo entregársela para que viva donde nadie la desprecie por ser un error.”
“Si me quitan a Eva, juro que no voy a sobrevivirlo.”
Adrian cerró los ojos con dolor físico.
No solo se la habían ocultado.
La habían convencido de que él las rechazaba.
Y, al mismo tiempo, probablemente le habían impedido acercarse.
Pierce pasó a la última página útil.
Solo había una frase.
“Si algo me pasa, Julian trabaja para alguien más.”
Adrian levantó la cabeza.
—¿Alguien más?
Pierce frunció el ceño.
—Vivienne puede no ser la única.
Antes de que pudiera decir algo más, uno de los agentes salió del bosque lateral y gritó:
—¡Detective! ¡Hay un vehículo huyendo por el camino norte!
Pierce reaccionó enseguida.
Adrian también.
Corrieron hacia el exterior justo a tiempo para ver una camioneta gris alejándose entre los árboles. Dos patrullas iniciaron la persecución.
—¡Quién iba dentro! —preguntó Adrian.
—No lo sabemos —respondió un agente.
Pero la puerta trasera de la casa todavía se balanceaba.
Alguien había estado allí.
Alguien había visto llegar a la policía.
Y había huido segundos antes de ser encontrado.
Adrian volvió a entrar y recorrió el piso superior con la sensación de que estaba a un paso de la verdad y, al mismo tiempo, a kilómetros de ella.
En el último dormitorio halló algo que lo detuvo por completo.
Sobre una silla había una chaqueta femenina sencilla.
Encima, una pulsera fina.
Y junto a ella, un papel doblado.
Pierce lo abrió con guantes.
Solo decía:
“No confíes en la mujer que cuida a Lucy.”
Adrian sintió un golpe de hielo.
—Martha.
Pierce levantó la vista.
Adrian ya estaba moviéndose.
—Si alguien dentro de la mansión ayudó a esto, Lucy no está segura.
May you like
Y por primera vez desde que empezó todo, el miedo dejó de apuntar al pasado.
Volvió directamente a su casa.
Related Stories