Chapter 8 - LA TRAMPADon Ernesto no llegó a tocar el expediente.

La administración del hospital lo frenó a tiempo gracias a la alerta especial emitida por Tomás. Pero el intento tuvo un efecto claro: ya no quedaba ninguna duda de que seguía moviéndose para preparar una defensa o, peor aún, una estrategia para arrebatarles al niño más adelante.
Eso endureció todavía más la decisión de Elena.
Dos noches después, salió del hospital en silla de ruedas, todavía dolorida pero firme. Llevaba un vestido sencillo y un abrigo claro. Daniel caminó a su lado. Tomás los seguía a distancia. Bajo la tela del abrigo de Elena había un micrófono diminuto. En el coche de Daniel, la fiscalía escucharía todo en tiempo real.
Bruno también fue.
Se quedó con Tomás en el jardín trasero, fuera de la casa, pero cerca.
El salón principal estaba iluminado con la misma luz cálida que hacía que la madera pareciera más pulida y la casa más respetable. Justo al pie de la gran escalera donde todo había comenzado, Ernesto los esperaba sentado en un sillón. Su rostro parecía envejecido diez años en una semana.
Ramiro estaba allí también.
Tenía el brazo vendado y la muñeca sujeta. Su mirada seguía siendo venenosa, pero había algo roto en ella. Algo animal, más inestable.
Elena respiró hondo.
Caminó despacio, sin apartar la vista de la escalera.
Ramiro sonrió con burla.
—Mira quién volvió.
Elena no tembló.
—Volví porque quiero terminar esto.
Ernesto señaló el sofá.
—Siéntense.
Daniel permaneció de pie.
—Habla.
El viejo juntó las manos.
—No tiene sentido destruir a la familia en tribunales.
Elena lo miró con una calma fría.
—¿Familia?
Ernesto ignoró el golpe.
—Podemos llegar a un acuerdo. Ustedes se van. Les damos dinero. Protección. Una casa lejos. Y esto acaba.
Daniel soltó una risa breve.
—¿Y a cambio?
Ramiro contestó antes que su padre.
—Renuncian al niño.
El silencio fue cortante.
Elena dejó que pasaran unos segundos.
—Así que era eso.
Ernesto respiró con paciencia calculada.
—El niño viviría mejor aquí, con nosotros, cuando crezca.
Elena no necesitó fingir el asco.
—Después de intentar matarlo antes de nacer.
Ramiro alzó la voz.
—No exageres.
—Me empujaste por las escaleras.
—Te interpusiste.
Daniel dio un paso adelante.
Ernesto levantó la mano para frenar la situación.
—Lo que pasó fue desafortunado.
Elena lo miró con dureza.
—Diga la verdad.
—La verdad es que ese niño iba a arruinarlo todo.
La frase quedó suspendida en el aire.
En el coche, la fiscalía ya tenía suficiente para agravar cargos.
Pero Elena siguió.
—¿Y por eso ordenó que me sacara de la casa?
Ramiro sonrió torcidamente.
—No me hizo falta insistir mucho.
Daniel apretó los puños.
Elena continuó, como si cada palabra fuera una aguja perfectamente colocada.
—¿Como tampoco hizo falta insistir mucho para lo de Lucía?
Por primera vez, Ernesto reaccionó de manera visible.
Ramiro giró hacia su padre.
Un instante de tensión silenciosa pasó entre ambos.
Finalmente fue Ramiro quien habló.
—Tu suegra se metió donde no debía.
Daniel lo miró con el rostro desencajado.
—¿La mataste?
Ramiro soltó el aire por la nariz.
—Se cayó.
Elena no bajó la vista.
—Igual que yo.
Ernesto cerró los ojos un segundo.
Quizá pensó que todavía podía controlar a su hijo. Quizá estaba demasiado cansado.
Cuando habló, lo hizo con voz baja y terrible.
—Lucía nos estaba destruyendo. Tú solo repetías el mismo problema.
Elena sintió un escalofrío, pero se mantuvo inmóvil.
—Así que sí lo decidió usted.
Ernesto levantó la barbilla.
—Decidí proteger lo que era mío.
Daniel habló con una voz que ya no parecía la suya.
—Ni mamá ni mi hijo eran tuyos.
Ramiro soltó una carcajada brusca.
—Eso ya no importa.
Entonces miró a Elena y vio algo que no esperaba.
Tranquilidad.
Excesiva tranquilidad.
Frunció el ceño.
—¿Qué hiciste?
Elena levantó muy despacio la mano hacia el broche del abrigo.
Ramiro abrió los ojos.
—No.
Arrancó el pequeño micrófono.
May you like
Durante un segundo todo se congeló.
Después Ramiro se lanzó hacia ella.
Related Stories