Chapter 8 - LA CARTA QUE LAURA NUNCA PUDO ENTREGAR.Con la reapertura del caso, aparecieron más pruebas.

Laura había enviado una carta certificada a una agencia estatal tres días antes de morir.
Nunca llegó.
Un empleado de Greenfield había interceptado el envío mediante una empresa de mensajería controlada por Colin.
La carta contenía datos sobre el acuífero y la presión para vender.
Pero había una copia.
Laura la había dejado en una caja bancaria.
Daniel la encontró con la llave detrás de la estrella.
Dentro también había una carta personal para Ethan.
Daniel tardó mucho en decidir si debía leerla.
Finalmente lo hizo con el niño presente.
“Mi querido Ethan: si algún día lees esto sin mí, quiero que recuerdes algo. La tierra no vale más que tú. Los caballos no valen más que tú. Ningún apellido, empresa o casa vale más que tú.”
Ethan empezó a llorar.
Daniel tuvo que detenerse.
El niño le pidió continuar.
“Si alguien te dice que debes sufrir para proteger lo que te pertenece, está mintiendo. Lo único que quiero que protejas es tu capacidad de saber cuándo algo está mal y pedir ayuda.”
Daniel cerró los ojos.
Eso era exactamente lo que Mara había intentado destruir.
La capacidad de pedir ayuda.
La carta terminaba:
“Confía en papá. A veces trabaja demasiado y a veces cree que puede arreglarlo todo solo, pero te ama más que cualquier tierra.”
Daniel no pudo hablar.
Ethan lo abrazó.
—Mamá tenía razón.
Daniel soltó una risa rota.
—Espero que en algunas cosas.
El caso contra Mara y Colin avanzó.
Pero Samuel encontró una nueva irregularidad.
Greenfield no era el propietario final de la operación.
Detrás había una sociedad llamada Northridge Capital.
El mayor accionista era alguien inesperado:
Charles Whitmore.
El tío de Daniel.
Hermano mayor de su difunto padre.
Daniel sintió que la traición regresaba a casa.
Charles había asistido al funeral de Laura.
Había abrazado a Ethan.
Había aconsejado a Daniel que “siguiera adelante”.
Y ahora aparecía detrás de la empresa que presionó para adquirir la propiedad.
Daniel fue a verlo.
Charles no negó la inversión.
—Es negocio.
—Mi esposa murió.
—No ordené su muerte.
—Pero sabías que Greenfield quería la tierra.
—Sí.
—¿Sabías que Colin la estaba presionando?
Silencio.
—¿Sabías?
—Sabía que negociaba agresivamente.
Daniel sintió asco.
—¿Y Mara?
Charles bajó la mirada.
—Sabía que estaba cerca de ti.
—¿Quién lo autorizó?
No hubo respuesta.
Daniel dio un paso.
—¿Tú la pusiste en mi camino?
Charles levantó los ojos.
Y eso bastó.
Daniel sintió un dolor más profundo que la rabia.
Su propia familia había permitido que una mujer vinculada a la operación entrara en su casa.
—¿Por qué?
Charles habló lentamente.
—Porque después de Laura necesitabas estabilidad.
—Necesitaba duelo.
—Necesitabas alguien que te hiciera avanzar.
—¿Para que vendiera?
Silencio.
Daniel comprendió.
May you like
No solo querían la firma futura de Ethan.
Querían controlar primero al padre.