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Chapter 3 - LO QUE LAURA DEJÓ EN EL ESTABLO.Daniel llevó a Ethan dentro de la mansión.

No dejó que Mara se acercara.

Llamó al médico familiar y a dos miembros de seguridad privada. Ordenó que Mara permaneciera en una habitación separada mientras él atendía al niño.

Cuando el médico vio los moretones en la espalda y los brazos de Ethan, su expresión se volvió grave.

Algunos eran recientes.

Otros no.

Daniel tuvo que sentarse.

—¿Cuánto tiempo?

El médico no respondió directamente.

—No todos son de hoy.

Ethan estaba envuelto en mantas, con chocolate caliente delante y los ojos clavados en sus manos.

Daniel se arrodilló frente a él.

—Necesito hacerte algunas preguntas.

Ethan bajó la cabeza.

—¿Me voy a meter en problemas?

—Nunca.

—¿Mara sí?

Daniel tardó un segundo.

—Eso no depende de ti.

El niño pareció respirar mejor.

—¿Qué decía sobre mamá?

Ethan apretó la manta.

—Que mamá escondió papeles.

—¿Qué papeles?

—No sé.

—¿Por qué pensaba que tú sabías?

—Porque mamá me contó un secreto.

Daniel sintió frío.

—¿Cuál?

Ethan miró hacia la puerta.

—Que si alguna vez alguien me decía que vendiéramos los caballos, yo tenía que buscar debajo de la estrella.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué estrella?

—La de la pared del establo.

Recordó entonces un viejo adorno metálico en uno de los boxes, una estrella de hierro que Laura había insistido en conservar después de la remodelación.

Daniel se puso de pie.

—Voy a buscarla.

Ethan agarró su muñeca.

—No vayas solo.

La frase le dolió.

—¿Por qué?

—Mara sabe.

Daniel llamó a seguridad.

Regresaron al establo juntos.

Mara había sido llevada a una habitación vigilada, pero Daniel aun así miró alrededor antes de acercarse a la estrella de hierro.

La desmontaron.

Detrás había una cavidad pequeña.

Dentro:

una llave.

Un sobre sellado.

Y una memoria USB.

Daniel reconoció la letra de Laura.

PARA DANIEL. SOLO SI ALGUIEN EMPIEZA A PREGUNTAR POR LAS TIERRAS.

El corazón le golpeó.

Las tierras.

La propiedad ecuestre se extendía por más de doscientas hectáreas y había pertenecido a la familia de Laura antes del matrimonio.

Daniel abrió el sobre.

“Si lees esto, significa que no pude explicártelo. Hay gente intentando comprar el terreno por debajo de su valor. No es por los caballos. Hay algo bajo la zona norte que vale mucho más de lo que nos han dicho. No confío en Mara Hayes ni en su hermano.”

Daniel dejó de respirar.

Mara Hayes.

Antes de convertirse en Mara Whitmore.

Había conocido a Laura.

Nunca se lo había dicho.

—Señor —dijo uno de los guardias.

Daniel levantó la vista.

—¿Qué?

—La señora Mara está pidiendo hablar con usted. Dice que Ethan está confundido.

Daniel miró la carta.

Después la memoria.

—No.

—¿Qué le digo?

Daniel cerró el sobre.

—Dile que ahora soy yo quien quiere respuestas.

Pero antes de salir, vio algo debajo de la cavidad.

Una segunda nota.

Más pequeña.

Solo cuatro palabras:

“No fue un accidente.”

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Laura había muerto en un accidente de coche.

Daniel sintió que el establo entero se volvía demasiado pequeño.

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