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Chapter 9 - EL BOTÓN TAMBIÉN ERA PARTE DEL PLANDaniel sintió un escalofrío.

Todo el salón quedó inmóvil.

Nora miró inmediatamente el pequeño dispositivo negro que había quedado dentro de una bolsa de evidencia sobre una mesa lateral.

—¿Cómo sabías del botón? —preguntó Daniel.

Martin sonrió.

—Porque tu sistema de seguridad fue diseñado por una empresa que asesoré jurídicamente.

Nora palideció.

—Eso fue hace un año.

—Exacto.

Daniel se acercó.

—¿Qué querías que hiciera el botón?

Martin sostuvo su mirada.

—Lo que hizo. Copiar servidores. Activar protocolos. Bloquear puertas.

Franklin frunció el ceño.

—Eso parece perjudicarte.

—Solo si crees que el objetivo era mantener secretos dentro de esta casa.

Nora reaccionó primero.

—La copia externa.

Martin sonrió.

Daniel se volvió hacia ella.

—¿Qué pasa?

—El protocolo sube los archivos a un servidor de contingencia de Mercer Holdings.

—Sí.

—Si Martin tenía acceso previo a la empresa proveedora...

Franklin terminó:

—Podría haber preparado una puerta de entrada.

Daniel sintió frío.

—¿Para robar qué?

Martin miró hacia Arthur.

—No el trust de Claire.

Pausa.

—Los archivos internos de Mercer Holdings.

Arthur levantó la cabeza.

—¿Qué archivos?

Martin sonrió con una arrogancia final.

—Los que documentan treinta años de operaciones que preferirías mantener privadas.

Arthur palideció.

Daniel entendió.

La cena era más grande que él.

Martin utilizaba a Arthur.

Arthur utilizaba a Bianca.

Bianca utilizaba a Emily.

Pero el verdadero objetivo era provocar una crisis familiar que activara el sistema de emergencia y abriera una ruta a archivos corporativos protegidos.

—¿Qué descargaste? —preguntó Daniel.

Martin no respondió.

Nora ya estaba llamando al centro de ciberseguridad.

—Corten todo acceso externo. Roten credenciales. Aíslen el respaldo.

Un técnico respondió.

Nora escuchó.

Su expresión cambió.

—Hubo una transferencia.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿Cuánto?

—Cuarenta y tres gigabytes.

Arthur se puso de pie.

—¡Imposible!

Martin soltó una risa.

—Gracias a tu brillante idea de usar a una niña para provocar a su padre.

Arthur lo miró como si quisiera matarlo.

La ironía era devastadora.

Arthur creyó estar usando a Martin para recuperar poder.

Martin estaba utilizando toda la crueldad del anciano para abrir una puerta técnica.

Daniel respiró hondo.

—¿A dónde fueron los datos?

Nora escuchó otra respuesta.

—Servidor temporal en Canadá. Ya está fuera de línea.

Franklin miró a Martin.

—¿Vendiste información?

—Todavía no.

—¿A quién?

Martin permaneció callado.

Daniel recordó entonces algo.

Claire.

Sigue el dinero.

Miró a Nora.

—Red Harbor.

Nora entendió.

—Revisaré las transferencias.

Bianca se puso de pie.

—Yo controlaba Red Harbor.

Martin la miró.

—Controlabas lo que te dejé ver.

Ella palideció.

Otra capa.

Nora revisó rápidamente varias cuentas.

—Hay pagos salientes a una compañía llamada East Meridian Partners.

Franklin frunció el ceño.

—Competidor de Mercer en infraestructura.

Arthur golpeó la mesa.

—¡Traidor!

Martin se rió.

—¿Traidor? Tú estabas dispuesto a traumatizar a tu nieta para recuperar un cargo.

Arthur se quedó sin respuesta.

Daniel sintió que la frase definía perfectamente aquella noche.

Nadie allí podía fingir superioridad moral.

Excepto quizá Emily, que ni siquiera estaba en la sala.

Daniel miró a Nora.

—¿Podemos recuperar los datos?

—Quizá bloquear uso si actuamos rápido.

—Hazlo.

Ella salió.

Franklin hizo otra llamada.

Arthur se quedó sentado, destruido.

Bianca lloraba en silencio.

Caleb miraba al suelo.

Martin seguía aparentemente tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Daniel lo notó.

—Todavía guardas algo.

Martin sonrió.

—Siempre.

—¿Qué?

—Claire también descubrió el verdadero alcance de los archivos.

Daniel sintió otra vez ese frío.

—¿Qué significa?

—Significa que Mercer Holdings no es la empresa limpia que tú crees dirigir.

Arthur cerró los ojos.

Daniel giró hacia él.

—¿Qué hay en esos archivos?

El anciano no respondió.

—Papá.

Arthur mantuvo la cabeza baja.

—Contratos viejos.

—¿Qué contratos?

—Pagos.

—¿A quién?

Arthur no contestó.

Martin intervino:

—Gobiernos locales. Inspectores. Intermediarios. Todo de la época dorada del gran Arthur Mercer.

Franklin palideció.

Daniel miró a su padre.

La guerra corporativa acababa de transformarse otra vez.

Arthur no solo quería volver al poder por ego.

También quería evitar que Daniel revisara suficientemente el pasado.

—Por eso querías sacarme —dijo Daniel.

Arthur levantó la vista.

—Quería evitar que destruyeras todo por principios que no entienden cómo se construyó esta empresa.

Daniel respondió:

—Si se construyó con delitos, merece caer.

Arthur lo miró como si acabara de confirmar su peor miedo.

Martin sonrió.

—Ahora sí entiendes.

Daniel se volvió hacia él.

—¿Qué?

—Claire lo entendió dos años antes que tú.

Silencio.

—Y por eso no iba solo a hablar con Rachel sobre Northlake.

Martin apoyó las manos sobre la mesa.

—Iba a entregarle pruebas contra Arthur.

Daniel miró al anciano.

Arthur se quedó completamente inmóvil.

Martin continuó:

—Así que pregúntate algo, Daniel.

Pausa.

—Si Arthur solo quería asustarla... ¿quién tenía el mayor motivo para asegurarse de que Claire nunca llegara a esa reunión?

Daniel no miró a Martin.

Miró a su padre.

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Y por primera vez en toda la noche, Arthur Mercer parecía tener miedo de responder.

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