Chapter 5 - BIANCA DEJÓ DE PROTEGER A ARTHURDaniel bajó al vestíbulo principal mientras dos guardias escoltaban a Bianca desde una puerta lateral.

La mujer seguía llevando el vestido de lentejuelas.
Pero el brillo ya no significaba elegancia.
Ahora parecía una especie de disfraz ridículo sobre alguien que había perdido el control.
Llevaba un bolso grande.
Demasiado grande para una cena.
Nora lo tomó.
—Ábralo —ordenó Daniel.
Bianca lo apretó.
—No tienes derecho.
Franklin llegó detrás.
—La casa está bajo protocolo corporativo de preservación de evidencia. Si hay documentos de Mercer Holdings dentro, sí.
Bianca miró hacia Arthur, que había sido trasladado al estudio principal bajo vigilancia.
Él no estaba allí para salvarla.
Por primera vez, estaba sola.
Bianca soltó el bolso.
Nora lo abrió.
Había dinero.
Dos pasaportes.
Una memoria externa.
Documentos bancarios.
Y una carpeta con el logotipo de Red Harbor Consulting.
Daniel se quedó mirándola.
—¿Ibas a huir?
—Iba a salir de una casa donde acabas de convertir una cena en secuestro.
—No dramatices. La puerta estaba abierta hasta que intentaste llevarte información de una empresa investigada.
Bianca soltó una risa amarga.
—Eres exactamente como Claire.
Aquello hizo que Daniel se quedara inmóvil.
—¿Qué quieres decir?
Bianca comprendió que había hablado demasiado.
Miró al suelo.
Daniel se acercó.
—Repítelo.
—Nada.
—Has dicho “exactamente como Claire”.
Silencio.
Franklin cerró la puerta del vestíbulo.
—Bianca.
Ella levantó la vista.
Los ojos estaban llenos de rabia, pero también de miedo.
—Claire también empezó a revisar cosas que no entendía.
Daniel respondió:
—Al parecer entendía bastante.
—Entendía suficiente para convertirse en un problema.
La palabra cayó.
Problema.
La misma palabra que Emily dijo que Bianca utilizaba para hablar de ella.
Daniel sintió frío.
—¿Qué pasó con Claire?
Bianca soltó el aire.
—Yo no la maté.
Nadie había preguntado eso directamente.
Franklin levantó una ceja.
Daniel no se movió.
—Interesante.
Bianca cerró los ojos.
—No quise decir...
—Sí quisiste.
Nora colocó la memoria externa sobre una mesa.
—Deberíamos revisar esto.
Daniel no apartó la mirada de Bianca.
—Primero quiero saber qué hacía Red Harbor.
Bianca apretó los labios.
—Consultoría.
Franklin abrió la carpeta bancaria.
—Pagos a Helix Grove. Pagos a Mercer Maintenance. Pagos a un despacho de psicología infantil.
Daniel sintió que las piezas encajaban.
Informe de ADN falso.
Revisión del coche de Claire.
Perfil emocional.
Todo pasaba por Red Harbor.
—Arthur te financiaba —dijo.
Bianca se rió.
—Arthur financiaba muchas cosas.
—¿Y tú las ejecutabas?
No respondió.
Daniel acercó una silla.
—Si quieres protegerlo, sigue callando. Pero te aviso algo: él ya no tiene poder para protegerte.
Bianca miró hacia el estudio donde Arthur estaba retenido.
Por primera vez, pareció creerlo.
—Tú no sabes cómo funciona.
—Explícamelo.
—Arthur nunca daba una orden directa. Te hacía entender qué necesitaba. Después esperaba resultados. Si algo salía mal, decía que actuaste por tu cuenta.
Franklin murmuró:
—Negación plausible.
Bianca asintió.
—Siempre.
Daniel se quedó quieto.
—¿Te pidió provocar a Emily?
—Sí.
—¿Te pidió fabricar un informe?
—Sí.
—¿Te pidió revisar el coche de Claire?
Bianca dejó de respirar un segundo.
No respondió.
Eso fue suficiente.
Daniel sintió que algo se hundía dentro de él.
—¿Qué hicieron?
—No sé exactamente.
—Mientes.
Bianca levantó la voz:
—¡Yo pagué una revisión! Eso fue todo. Arthur dijo que Claire estaba paranoica, que creía que la seguían, que necesitábamos saber si había instalado rastreadores o dispositivos en el coche.
—¿Y el accidente?
—Ocurrió después.
—¿Quién tocó los frenos?
Bianca negó.
—No lo sé.
Daniel quería creer que mentía.
Porque la otra posibilidad era peor: que un tercero existiera.
Franklin abrió la memoria externa.
Había carpetas.
Mercer Board.
Northlake.
Emily.
Claire Vehicle.
Daniel sintió náuseas al ver el nombre de su hija tratado como un proyecto.
Abrieron Emily.
Videos.
Fotografías.
Informes psicológicos improvisados.
Notas sobre horarios.
Una hoja decía:
“Objetivo: generar apego ansioso y reacción protectora extrema del padre.”
Nora maldijo en voz baja.
Eso era exactamente lo que habían intentado.
Daniel abrió Claire Vehicle.
Había una factura.
Revisión nocturna.
Una nota:
“Sistema modificado según instrucción A.M.”
Arthur Mercer.
No demostraba sabotaje letal.
Pero demostraba intervención no autorizada.
Bianca empezó a llorar de rabia.
—¡Yo no sabía que iba a morir!
Daniel la miró.
—¿Qué modificaron?
Ella respondió demasiado rápido:
—El módulo de asistencia de frenado.
Silencio.
Franklin levantó la cabeza.
—Eso no aparece en el informe del accidente.
Bianca se dio cuenta de lo que acababa de admitir.
Daniel quedó pálido.
—Tú sabías.
—Sabía que lo tocaron. No que fallaría.
—¿Quién lo tocó?
Bianca se quedó callada.
Daniel dio un paso.
—Dime el nombre.
Ella miró hacia el estudio.
—Arthur no ensuciaba las manos.
—Ya lo sé.
—Usaba a alguien.
—¿Quién?
Bianca tragó saliva.
—Su antiguo jefe de seguridad.
Daniel sintió un golpe.
—Caleb Stone.
Bianca asintió.
Caleb había trabajado para Arthur durante veinte años.
Después de la muerte de Claire, desapareció de la compañía alegando enfermedad.
Daniel siempre creyó que se había retirado.
Nora levantó el teléfono.
—Puedo localizarlo.
Pero antes de que pudiera hacerlo, uno de los guardias entró rápidamente.
—Señor Mercer.
Daniel giró.
—¿Qué?
—Su padre pide hablar con usted a solas.
—No.
—Dice que sabe dónde está Caleb Stone.
Daniel se quedó inmóvil.
El guardia añadió:
May you like
—Y dice que si quiere saber qué pasó realmente la noche en que murió Claire, tiene diez minutos para escucharlo.
chapter
Related Stories