Chapter 6 - ARTHUR POR FIN TUVO MIEDO DE SU PROPIO PLANArthur estaba sentado en el estudio principal cuando Daniel entró.

Sin invitados.
Sin mesa larga.
Sin la arquitectura teatral de la cena.
Solo un anciano en una habitación oscura, vigilado por dos hombres que ya no recibían órdenes suyas.
Daniel cerró la puerta.
Arthur levantó la vista.
—Envía a seguridad afuera.
—No.
—Entonces no hablaremos.
Daniel se sentó frente a él.
—Ya no negocias condiciones.
Arthur apretó la mandíbula.
—Sigues siendo mi hijo.
—Y Emily sigue siendo tu nieta.
El golpe fue preciso.
Arthur desvió la vista por primera vez.
Daniel dejó sobre el escritorio la factura encontrada en Red Harbor.
—Bianca habló.
Arthur soltó una risa breve.
—Bianca habla cuando tiene miedo.
—También tenía tus documentos.
—Eso no demuestra nada.
—Demuestra que ordenaste modificar el coche de Claire.
Arthur se quedó inmóvil.
Daniel observó cada pequeño movimiento.
—¿Querías matarla?
—No.
La respuesta fue inmediata.
Daniel esperó.
Arthur continuó:
—Claire estaba reuniendo información. Creía que yo pretendía robar el trust de su familia.
—Lo pretendías.
Arthur no negó.
—Quería controlar temporalmente esos votos. Mercer Holdings atravesaba una transición peligrosa. Tú no estabas preparado.
—Así que decidiste que la mejor solución era manipular a mi esposa y a mi hija.
—Decidí proteger la empresa que construí.
Daniel se inclinó.
—Claire murió.
Arthur cerró los ojos.
—Eso no estaba previsto.
El silencio cayó.
Daniel sintió algo horrible.
No era confesión de asesinato.
Era confesión de un plan que salió peor de lo que incluso Arthur esperaba.
—¿Qué estaba previsto?
El anciano tardó.
—Un susto.
—¿Qué clase de susto?
—Caleb debía alterar el sistema para provocar una avería controlada. Nada más. Claire tenía una reunión con un periodista aquella noche. Yo necesitaba que no llegara.
Daniel sintió que el estómago se le cerraba.
—Manipulaste los frenos de mi esposa para impedir que hablara.
—No los frenos principales.
—¿Y eso te hace sentir mejor?
Arthur golpeó el brazo de la silla.
—¡Yo no ordené matarla!
Daniel lo miró fijamente.
—Pero murió.
Arthur bajó la voz.
—Sí.
Aquella palabra pareció costarle más que todas las demás.
—¿Qué hizo Caleb?
—Según él, modificó un módulo electrónico. El coche debía entrar en modo de seguridad a baja velocidad.
—¿Y por qué no lo hizo?
Arthur negó.
—Nunca lo supimos.
—¿Nunca investigaste?
—Sí.
—¿Y?
Arthur miró hacia la ventana.
—Caleb encontró señales de que alguien había alterado el vehículo después de él.
Daniel se quedó inmóvil.
—¿Quién?
—No sabía.
—Mientes.
—No.
Por primera vez, Arthur parecía genuinamente incómodo.
—Caleb desapareció porque empezó a creer que Bianca había contratado a alguien más.
Daniel pensó en Red Harbor.
En las facturas.
En los pagos.
—¿Dónde está Caleb?
Arthur respiró hondo.
—Vive en una propiedad rural en Vermont.
—Dirección.
Arthur no respondió.
Daniel se levantó.
—Entonces terminamos.
—Si vas solo, no te dirá nada.
Daniel se volvió.
—¿Por qué?
—Porque Claire le habló antes de morir.
Eso lo detuvo.
—¿Qué?
Arthur tragó saliva.
—Claire descubrió que Caleb seguía trabajando para mí. Lo confrontó. Él le confesó parte. Después intentó echarse atrás.
Daniel sintió el mundo moverse.
—¿Claire sabía lo del coche?
—Sabía que algo se estaba preparando. No sé cuánto.
—¿Y aun así condujo?
Arthur cerró los ojos.
—Porque pensó que podía llegar al periodista antes de que yo la detuviera.
Daniel necesitó varios segundos antes de volver a hablar.
—¿Qué periodista?
Arthur dio un nombre.
—Rachel Bell.
Franklin la conocía.
Investigación financiera.
Había publicado años atrás sobre estructuras opacas de grandes patrimonios.
Daniel sacó el teléfono.
—Nora, localiza a Rachel Bell.
Arthur levantó la vista.
—No será fácil.
—Ya veremos.
—Daniel.
Él se detuvo junto a la puerta.
Arthur parecía agotado.
—Lo de Emily esta noche no debía acabar así.
Daniel giró despacio.
—¿Cuál era el final que sí aceptabas?
Arthur guardó silencio.
—¿Que llorara?
Silencio.
—¿Que creyera que valía menos?
Arthur apretó los labios.
—¿Que yo la viera caer y atacara a alguien para que pudieras llamarme inestable?
Arthur bajó la vista.
Daniel abrió la puerta.
—Perdiste el derecho de decir que no querías hacerle daño cuando la convertiste en herramienta.
Salió.
Nora lo esperaba en el pasillo.
—Encontré a Rachel Bell.
Daniel levantó la cabeza.
—¿Dónde?
—No trabaja como periodista desde hace un año.
—¿Por qué?
Nora mostró la pantalla.
—Se retiró después de recibir amenazas relacionadas con una investigación sobre Mercer Holdings.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Puede hablar?
—Sí.
Pausa.
—Y acaba de decirme que Claire le entregó un paquete dos horas antes de morir.
Daniel dejó de respirar.
—¿Qué paquete?
Nora lo miró.
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—Uno que, según Rachel, demuestra que Arthur no era el único miembro de la familia intentando tomar el control de Northlake.
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