Chapter 5 - LA MEMORIA DESAPARECIDALa noticia cayó sobre la casa como un segundo incendio.

Ethan no necesitó sonreír para delatarse. Bastó con ver cómo intentaba recomponer su expresión un segundo demasiado tarde. Richard lo notó. Noah también. Hannah se retorcía las manos, avergonzada y aterrada por haber guardado silencio tanto tiempo.
—Explícalo todo —ordenó Richard.
Hannah asintió con lágrimas contenidas.
—Hace cuatro noches, estaba limpiando el cuarto de invitados del ala norte. La puerta del salón de billar estaba entreabierta. Oí al señor Cole hablando con la señora Vanessa. Él dijo que, si la señora Olivia no firmaba la tutela voluntaria antes del parto, usarían el informe psiquiátrico. Y que, si el embarazo se complicaba, igual podían quedarse con todo porque el bebé sería “la llave del consejo”.
Olivia sintió arcadas de rabia.
—¿Y la memoria?
—Tomé una cámara vieja de seguridad portátil que a veces usamos para las entregas del personal. No grabó imagen clara, pero sí audio. Cuando me di cuenta de lo que contenía, me asusté. La escondí en mi habitación.
Ethan soltó una risa seca.
—Una sirvienta llorosa diciendo que oyó algo desde un pasillo. Qué conveniente.
Noah lo miró con desprecio.
—Lo conveniente es que tu arrogancia siempre te hace hablar demasiado.
Mason subió de inmediato con dos hombres a registrar el cuarto de Hannah. Volvió pocos minutos después con la confirmación de lo obvio: alguien había forzado el cajón donde la memoria estuvo oculta. Pero la pérdida no era total. Entre la ropa removida encontraron una funda vacía y un papelito doblado.
Richard lo leyó.
INVERNADERO SUR — 11:30. VEN SOLA O LA CULPA SERÁ TUYA.
Hannah se desplomó en una silla.
—Fue para mí —susurró—. Quieren que vaya.
—No irás a ninguna parte sola —dijo Olivia de inmediato.
Pero Hannah levantó la mirada con una mezcla de culpa y decisión tardía.
—Señora, si Ethan o Vanessa tienen esa memoria, mañana dirán que estoy mintiendo. Y si la destruyen, perderá algo muy importante.
Mason apretó la mandíbula.
—Podemos montar vigilancia.
Noah negó.
—Si están desesperados, pueden hacer algo más estúpido. No saben aún todo lo que nosotros sabemos, y eso nos da ventaja.
Richard tomó una decisión.
—Mason, tú irás al invernadero con dos hombres, pero manteniéndote oculto. Hannah no irá sola. Noah, quiero que revises cada documento del fideicomiso y blindes cualquier intento de tutela. Olivia, tú te quedas conmigo.
Ethan, aún retenido por dos guardias, soltó con tono cortante:
—Aun si encuentran esa memoria, no cambia lo esencial. Olivia no está en condiciones de criar a un heredero Sterling. Todo el comité lo sabe.
Olivia giró lentamente hacia él.
Llevaba horas temblando, sintiéndose arrastrada entre el miedo, la humillación y la protección feroz de su padre. Pero algo dentro de ella acababa de endurecerse. Tal vez fue la jaula. Tal vez fue ver a Vanessa en su cama. Tal vez fue oír, por boca de Hannah, que su bebé había sido reducido a una llave contable.
—No vuelvas a hablar de mi hijo como si fuera una caja fuerte —dijo con una voz baja y devastadora.
La sala entera quedó en silencio.
Ethan alzó el mentón.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Por fin decir la verdad?
Hubo un cambio leve en el ambiente.
Una insinuación.
Algo que Noah percibió al instante.
—¿Qué verdad? —preguntó.
Ethan sonrió con veneno.
—La de por qué estuvo tan desesperada por quedarse en este matrimonio. La de por qué lloró cuando mencioné una prueba biológica.
Olivia se tensó.
Richard dio un paso.
Noah levantó una mano, pidiéndole a Ethan que siguiera.
—¿Quieres insinuar que el bebé no es tuyo? —preguntó el abogado.
Ethan miró a Olivia con crueldad premeditada.
—Quiero decir que una mujer emocionalmente inestable, sedada o no, puede hacer muchas cosas para no perder su apellido.
La bofetada emocional fue inmediata. No porque Olivia dudara de sí misma, sino porque entendió en ese instante otra parte del juego: Ethan también había preparado una sombra sobre la paternidad para usarla como arma, obligarla a defenderse y ensuciar cualquier decisión futura.
Richard casi se abalanzó sobre él, pero Noah lo sujetó.
—Eso quiere decir que planea usar el escándalo moral si el legal falla —murmuró.
Antes de que nadie pudiera continuar, Mason recibió un mensaje por el auricular. Su rostro cambió.
—Señor… tenemos movimiento en el invernadero. Y no están esperando a Hannah.
—¿Quién está allí? —preguntó Richard.
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Mason tragó saliva.
—Vanessa. Y está quemando algo en una bandeja metálica.
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