Chapter 2 - LA MUERTA REGRESÓ AL LOBBYUn murmullo de horror se extendió por el lobby.

Los huéspedes ya no disimulaban. El personal se había quedado inmóvil. Los guardias, que un minuto antes obedecían a Vanessa sin cuestionar, ahora dudaban incluso sobre dónde posar las manos.
Clara seguía en pie por puro orgullo.
El dolor le recorría las piernas, la espalda y la muñeca, pero no pensaba volver a caer delante de Vanessa. No después de todo lo que había arrastrado para llegar hasta ese lector.
Vanessa fue la primera en reaccionar.
—Esto es absurdo —dijo, volviendo a encontrar parte de su voz—. Ese medallón fue robado.
Ethan giró apenas la cabeza hacia ella.
—El protocolo del fundador no reconoce robos, solo linajes y permisos biométricos.
La frase dejó a Vanessa helada.
Clara apoyó una mano en la pared de mármol para sostenerse. La sangre seca en su frente se había abierto otra vez por el esfuerzo, pero sus ojos seguían duros.
—Cierren el acceso al ala de mantenimiento —ordenó—. Y revisen el cuarto de bombas bajo la terraza este.
Ethan la miró de inmediato.
—¿Por qué?
Clara tragó saliva.
—Porque ahí me dejaron encadenada.
El silencio que siguió fue brutal.
Uno de los guardias del lobby dejó escapar un pequeño sonido de sorpresa. Otro evitó mirar a Vanessa. El personal de recepción se quedó blanco.
Vanessa abrió la boca, indignada.
—¡Eso es una mentira!
Clara volvió lentamente la mirada hacia ella.
—¿De verdad quieres que empecemos por ahí?
Ethan hizo una seña a dos miembros de seguridad corporativa que acababan de salir del ascensor privado.
—Aseguren la terraza este. Nadie entra ni sale sin mi orden.
Los hombres asintieron y se alejaron a paso rápido.
Clara perdió equilibrio por un instante. Ethan la sostuvo por el brazo con firmeza profesional, no posesiva. Ella aceptó el apoyo solo el tiempo necesario para recuperar estabilidad.
—Necesita atención médica —dijo él.
—Necesito que no la dejes escapar.
Vanessa soltó una risa nerviosa.
—¿Escapar? Yo dirijo este resort.
Ethan la miró como si hablara una extraña.
—Dirigía. Hasta hace dos minutos.
Vanessa dio un paso hacia Clara.
—No sé cómo saliste viva ni quién te ayudó, pero no vas a inventar historias y arrebatármelo todo con un adorno de familia.
Clara abrió la caja del medallón una vez más y la dejó ver por dentro. En la tapa interior había un sello antiguo grabado en oro: Bellmare Founder Trust.
—No es un adorno —dijo—. Es el acceso que mi padre reservó para el dueño real.
La palabra padre hizo que varios empleados se miraran entre sí.
Vanessa apretó los labios.
—Tu padre te declaró desaparecida. Después muerta.
—No —respondió Clara con voz gélida—. Eso lo hicieron ustedes.
Ethan notó algo en la forma en que Clara sostuvo el medallón. Más que un simple reclamo. Era un mensaje dirigido al propio edificio.
—Subámosla al piso ejecutivo —dijo él—. Activaré el protocolo de restauración.
Vanessa se tensó.
—No puedes llevarla a la suite del fundador.
—Puedo. Y voy a hacerlo.
Clara lo interrumpió:
—Antes, mi teléfono.
Ethan bajó la vista.
En el suelo, cerca de una de las macetas, estaba un teléfono destrozado, con la pantalla hecha trizas y barro seco en la carcasa. Clara se agachó con una mueca de dolor, pero Ethan fue más rápido y lo recogió por ella.
—¿Todavía funciona?
—Tiene que funcionar —murmuró Clara—. Grabé algo antes de que me tiraran al agua.
Vanessa palideció.
Ethan la observó de inmediato.
No dijo nada.
Solo guardó el teléfono en el bolsillo interior de su chaqueta como si acabara de recoger un explosivo.
Clara alzó la mirada hacia él.
—No dejes que nadie toque el servidor central.
—¿Qué hay allí?
—Las cámaras. Si ellos borran la hora exacta en que me movieron del muelle al cuarto de bombas, intentarán decir que deliré.
Ethan asintió una sola vez.
—Entendido.
Vanessa, sintiendo cómo el suelo se movía bajo sus pies, decidió cambiar de estrategia.
—Muy bien. Supongamos que eres Clara Bellmont. ¿Qué explicación darás para desaparecer tres semanas y aparecer semidesnuda, encadenada y delirante? Nadie te creerá.
Clara dejó escapar una sonrisa débil y feroz al mismo tiempo.
—No necesito que me crean primero. Necesito que el sistema te reconozca después.
Ethan hizo una nueva llamada por auricular.
—Servidor central, cierre en espejo. Cualquier intento de borrado activa respaldo externo inmediato.
La respuesta llegó en estática breve.
Pero, casi al instante, otro agente corporativo corrió hacia ellos desde el ala administrativa.
—Señor Ward... tenemos un problema.
Ethan giró.
—Habla.
—Alguien ya está intentando entrar al servidor desde la oficina ejecutiva de la señora Vale.
Vanessa quedó inmóvil.
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Y Clara, a pesar del dolor que le vibraba en todo el cuerpo, entendió que no había vuelto un segundo demasiado tarde.
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