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Chapter 5 - EL TESTAMENTO QUE FALTABAEthan llegó a la casa de Gerald Kline acompañado por dos hombres de seguridad y Sarah.

No quería llevarla.

Ella insistió.

—Lucas murió por esto. No voy a quedarme escondida otra vez.

Gerald vivía en una propiedad discreta a cuarenta minutos de la mansión. Cuando abrieron la puerta, encontraron al viejo abogado sentado en un sillón, conectado a oxígeno y con un maletín negro sobre las piernas.

Parecía aterrorizado.

—Cierren —dijo.

Ethan lo hizo.

Gerald miró a Sarah.

—Lo siento.

Ella no respondió.

—Lo siento desde hace cuatro años.

Ethan se sentó frente a él.

—Empiece.

Gerald abrió el maletín.

Sacó tres documentos.

El primero era una prueba de paternidad certificada: Henry Blackwood tenía una probabilidad superior al 99,9% de ser padre biológico de Lucas Hart.

El segundo era una copia de reconocimiento legal preparada pero nunca presentada públicamente.

El tercero era el fideicomiso original.

Ethan leyó.

Lucas recibiría un quince por ciento de las acciones familiares.

Si moría, pasarían a sus descendientes.

Oliver.

Sarah cerró los ojos.

Ethan siguió leyendo.

—¿Por qué desapareció esto?

Gerald empezó a llorar.

—Arthur me pagó.

—¿Cuánto?

—Demasiado.

—¿Victoria sabía?

—Sí.

Sarah soltó aire.

Ethan apretó la mandíbula.

—¿Y Lucas?

—Descubrió las modificaciones. Amenazó con denunciarme. Arthur quiso negociar. Victoria se ofreció a hablar con él primero.

—En Bellwood.

Gerald asintió.

—Sí.

—¿Qué pasó aquella noche?

Gerald negó.

—No estuve allí.

—Pero sabe algo.

El anciano cerró los ojos.

—Después del accidente, Victoria vino a verme. Estaba alterada. Tenía sangre en una manga.

Sarah quedó inmóvil.

Ethan se inclinó.

—¿Sangre?

—Dijo que había intentado ayudar a Lucas después del choque.

—¿Lo declaró a la policía?

—No.

—¿Por qué?

Gerald lloró.

—Porque Arthur me ordenó callar.

La culpa en la habitación era casi física.

Ethan miró a Sarah.

Ella estaba blanca.

—Entonces ella estuvo allí.

Gerald asintió.

—Sí.

Ethan se puso de pie.

—Quiero llevar estos documentos a la policía.

Gerald lo sujetó del brazo.

—Hay uno más.

Sacó un sobre pequeño.

—Henry dejó esto para usted.

Ethan lo abrió.

La carta estaba escrita semanas antes de la muerte de su padre.

“Ethan: he cometido el error de permitir que otros decidan qué parte de mi vida debía ser visible. Lucas es tu hermano. Si yo muero antes de decírtelo, encuéntralo. Arthur jamás aceptará su existencia porque teme perder el consejo. No repitas mi cobardía.”

Ethan dejó caer la carta sobre la mesa.

No por debilidad.

Por rabia.

Su padre había sabido.

Había dudado.

Había esperado.

Y todos habían pagado por ello.

—Arthur —dijo.

Gerald asintió.

—Él movió las piezas.

Sarah habló por primera vez.

—¿Victoria mató a Lucas?

Gerald cerró los ojos.

—No lo sé.

—Pero estuvo allí.

—Sí.

—Y mintió.

—Sí.

Ethan tomó el maletín.

—Entonces vamos a descubrirlo.

Al salir de la casa, su teléfono sonó.

Martha.

Contestó.

—¿Qué pasa?

La voz de la anciana estaba alterada.

—Señor Ethan... Oliver no está.

Sarah quedó helada.

—¿Qué?

Martha continuó:

—Victoria tampoco.

El mundo se detuvo.

Ethan apretó el teléfono.

—Cierren la propiedad.

—Ya lo hicimos. Pero falta uno de los coches del garaje este.

Sarah empezó a temblar.

—Se llevó a mi hijo.

Ethan sintió una furia absoluta.

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Pero Martha agregó algo peor:

—Y dejó una nota.

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