Chapter 6 - LA MUERTE DE JONATHAN HAWTHORNEAlexander no quería creerlo.

No porque Claire pareciera inocente.
Sino porque aceptar aquella posibilidad significaba reescribir los últimos dos años completos de su vida.
Su padre murió a los sesenta y siete.
Infarto.
Enfermedad cardíaca conocida.
Estrés.
Eso decía el informe.
Eso aceptó la familia.
Richard pidió agua antes de seguir hablando.
—Jonathan me llamó una semana antes de morir. Estaba preocupado porque su pastillero aparecía reorganizado. Dijo que algunas dosis faltaban.
Alexander se sentó lentamente.
—¿Y por qué no me dijiste nada?
Richard lo miró con vergüenza.
—Porque después murió y Claire me mostró un informe médico diciendo que había empezado a confundirse. Pensé que era paranoia.
Evelyn soltó una risa triste.
—Siempre la misma explicación.
Confusión.
Paranoia.
Edad.
Alexander sintió náuseas.
Peter Lang ya estaba revisando archivos.
—Puedo solicitar el expediente médico completo de Jonathan.
Claire habló con dureza:
—Esto es una cacería.
Alexander se volvió hacia ella.
—No. Una cacería empieza con una presa elegida. Esto empezó porque golpeaste a una sirvienta que protegía a mi madre.
La frase la dejó callada.
Peter recibió información preliminar del hospital privado.
—Jonathan tenía cardiopatía, sí. Pero hay una anotación tres días antes de su muerte sobre una posible interacción farmacológica.
Alexander levantó la vista.
—¿Qué interacción?
—Un sedante no prescrito combinado con su medicación cardíaca.
Evelyn llevó una mano a la boca.
Claire palideció.
—No significa nada.
Peter siguió leyendo.
—El médico recomendó revisar quién administraba sus pastillas en casa.
—¿Se hizo?
—No consta seguimiento.
Alexander miró a Evelyn.
—¿Quién se ocupaba?
Ella respondió con voz débil:
—Yo al principio. Después Claire dijo que quería ayudarme.
El mundo se cerró un poco más.
Alexander no habló.
Claire lo miró.
—No me mires así. Tu padre era enfermo.
—¿Le diste sedantes?
—No.
—¿Recogiste medicamentos para él?
—Muchas veces.
Peter levantó otro documento.
—También mediante Legacy Services.
Richard cerró los ojos.
Alexander sintió que el control se le escapaba, pero se obligó a mantener la voz baja.
—Necesito el expediente forense completo.
Peter asintió.
Amelia, que había permanecido en silencio, habló entonces.
—Señor Alexander...
Todos se volvieron.
—¿Qué?
La joven parecía asustada.
—Yo trabajaba aquí cuando murió su padre.
—Lo sé.
—Encontré algo esa noche.
Claire se quedó completamente inmóvil.
Alexander lo vio.
—¿Qué encontraste?
Amelia tragó saliva.
—Un vaso roto en el despacho. Y una pequeña bolsa transparente debajo del escritorio.
—¿Qué había dentro?
—Dos pastillas blancas.
Peter frunció el ceño.
—¿Las guardaste?
—No. La señora Claire entró antes de que pudiera hacerlo. Me ordenó limpiar todo.
Alexander miró a su esposa.
—¿Recuerdas eso?
—No.
—Amelia sí.
Claire dio un paso hacia ella.
—Esta chica está inventando...
Alexander se interpuso.
La frase quedó cortada.
Otra vez él estaba entre ambas.
—No te acerques.
Claire se detuvo.
La humillación fue silenciosa.
Más profunda que cualquier grito.
Amelia continuó:
—Su padre todavía estaba vivo cuando lo encontré.
Alexander se quedó helado.
—¿Qué?
—Estaba en el suelo. Respiraba. Intenté llamar a emergencias.
Evelyn cerró los ojos, devastada.
—¿Y?
Amelia miró a Claire.
—Ella dijo que la ambulancia ya venía.
—¿Venía?
La joven negó.
—No. Revisé después el registro del teléfono fijo. Nadie había llamado todavía.
Alexander dejó de respirar.
—¿Cuánto tardaron?
—Casi veinte minutos.
Peter levantó la cabeza de golpe.
Richard palideció.
Claire respondió:
—¡Porque primero intentamos ayudarlo!
Amelia negó.
—Usted me mandó a limpiar el vaso.
Silencio.
Alexander se volvió hacia Peter.
—Quiero saber quién llamó finalmente a la ambulancia.
El abogado revisó los registros históricos.
Un minuto.
Dos.
Tres.
Luego levantó la mirada.
—Evelyn.
La anciana quedó inmóvil.
—Yo llegué después.
Peter asintió.
—Llamó usted a las 9:18.
Alexander miró a Amelia.
—¿A qué hora lo encontraste?
—Poco antes de las nueve.
Dieciocho minutos.
Dieciocho minutos en los que Claire dijo que la ayuda ya estaba en camino.
Alexander se quedó mirando a su esposa.
Y por primera vez, Claire pareció comprender que aquello ya no se resolvería con un abogado o una explicación doméstica.
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Porque la misma mujer acusada de manipular medicamentos de Evelyn había estado sola con Jonathan durante los minutos más importantes de su muerte.
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