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Chapter 2 - EL HOMBRE DE LA SILLA DE RUEDASEmily corrió hacia Lucy.

—¿Estás bien?

La niña asintió.

—Sí, mamá.

Emily la abrazó.

Luego miró a Rocco con evidente confusión.

—¿Ocurrió algo?

Grant intentó intervenir.

—Tu hija estaba molestando a un visitante y—

Rocco levantó una mano.

Grant se calló.

No por respeto.

Por miedo.

Emily observó el gesto.

Había trabajado en aquel club durante meses como camarera temporal y asistente de eventos, pero nunca había visto a nadie callar a Grant Bellini con un solo movimiento.

Rocco se acercó.

—Su hija creyó que yo necesitaba ayuda.

Emily palideció ligeramente.

—Lucy…

La niña bajó la cabeza.

—Lo siento. Solo le di mi dinero.

Rocco miró a la madre.

—No tiene nada que lamentar.

Grant soltó una exhalación frustrada.

—Rocco, ¿podemos hablar en privado?

—No.

—Esto es un asunto familiar.

—Lo convertiste en un asunto público cuando llamaste basura callejera a un hombre delante de una niña.

Grant bajó la voz.

—No sabía quién eras.

Rocco lo miró largamente.

—Ese es precisamente el problema.

La frase golpeó a varios empleados.

Porque todos entendieron lo mismo.

Grant no lamentaba haber sido cruel.

Lamentaba haber sido cruel con la persona equivocada.

Rocco se volvió hacia el jefe de seguridad.

—Señor Daniels, retire la placa del señor Bellini.

Grant abrió los ojos.

—¿Qué?

Daniels dudó apenas.

Rocco repitió:

—Ahora.

El jefe de seguridad se acercó.

Grant retrocedió.

—No puedes hacer esto.

Rocco sonrió sin humor.

—¿Quieres apostar?

—El consejo me nombró director operativo.

—Temporal.

—Tengo contrato.

—Revocable.

—No puedes revocarlo aquí, en medio del vestíbulo, por un comentario.

Rocco metió la mano dentro de su vieja chaqueta.

Sacó una tarjeta negra.

No era una credencial de socio.

Era la tarjeta personal del fundador.

Debajo del nombre de Rocco aparecía:

PRESIDENTE FUNDADOR — TITULAR MAYORITARIO.

Emily se quedó inmóvil.

Lucy miró la tarjeta sin entender.

Grant sí entendió.

Y todavía no comprendía cómo su tío podía seguir teniendo aquel poder.

Durante años, toda la familia había hablado de Rocco como un fundador retirado, enfermo, casi fuera de la actividad diaria.

Rocco guardó la tarjeta.

—Mi renuncia nunca fue registrada. Mi fideicomiso conserva el sesenta y uno por ciento de la propiedad.

Grant tragó saliva.

—Mi padre dijo—

—Tu padre dice muchas cosas desde que descubrió que leo auditorías.

Eso cambió por completo la expresión del joven.

Rocco lo vio.

Y registró la reacción.

—Interesante.

Grant cerró la boca.

Rocco se volvió hacia Emily.

—¿Cuál es su relación con el club?

—Trabajo por turnos. Eventos, principalmente.

—¿Contrato fijo?

Emily negó.

—No.

—¿Por qué?

Grant intervino de inmediato.

—No vamos a revisar contratos de personal ahora.

Rocco volvió lentamente la cabeza hacia él.

—Ahora quiero revisarlos todos.

El vestíbulo se quedó helado.

Emily apretó la mano de Lucy.

—Señor Bellini, no queremos problemas.

Rocco la miró con una atención extraña.

—¿Cuál era su apellido antes de Miller?

Emily frunció el ceño.

—Mi apellido siempre fue Miller.

—¿Su padre?

Ella dudó.

—David Miller.

Rocco se quedó inmóvil.

Grant miró a su tío.

Algo había cambiado.

—¿Qué pasa? —preguntó Emily.

Rocco no respondió inmediatamente.

David Miller.

Quince años antes, ese hombre había sido auditor interno del Bellini Crown Club.

Y había desaparecido de la organización después de denunciar transferencias irregulares que nadie quiso investigar en público.

Rocco creía que David se había marchado voluntariamente.

Ahora su hija estaba trabajando por horas dentro del mismo club.

Y su nieta acababa de entregar el último dólar que tenía a un hombre que todos creían pobre.

—¿Su padre sigue vivo? —preguntó Rocco.

Emily bajó la mirada.

—Murió hace doce años.

Rocco sintió una presión desagradable en el pecho.

—¿Cómo?

—Accidente de coche.

Grant se movió.

Muy poco.

Pero Rocco lo vio.

No porque Grant pudiera haber tenido relación directa. Era demasiado joven entonces.

Sino porque alguien dentro de la familia Bellini sabía algo sobre David Miller.

Rocco volvió a mirar a Emily.

—Quiero hablar con usted.

Ella se tensó.

—¿Sobre qué?

—Sobre por qué alguien con su apellido sigue entrando en este club por la puerta de servicio.

Grant interrumpió.

—No puedes convertir un encuentro casual en una investigación.

Rocco giró hacia él.

—Acabo de empezar.

Luego hizo una seña a Daniels.

—Cierre mi antiguo despacho. Nadie entra hasta que yo lo revise.

Grant palideció.

—Ese despacho ahora lo usa finanzas.

—Lo sé.

—Hay documentos confidenciales.

Rocco sonrió sin alegría.

—Eso espero.

Lucy tiró suavemente de la manga del anciano.

Rocco bajó la mirada.

La niña abrió la mano.

Todavía le quedaba una moneda diminuta escondida entre los dedos.

—Esta se cayó.

Rocco la miró.

—Guárdala.

—Pero era para usted.

—No.

Se agachó hasta quedar a su altura.

—Esa moneda acaba de comprar algo mucho más caro.

Lucy abrió mucho los ojos.

—¿Qué?

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Rocco miró hacia Grant.

—La verdad.

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