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Chapter 4 - ELENA NO MURIÓ CALLADALa madrugada se instaló sobre la mansión como una piel helada.

Nadie dormía realmente, aunque casi todos fingían hacerlo detrás de puertas cerradas. Adrián permaneció en la biblioteca privada con Marta, Esteban y un Richard cada vez más silencioso. El video del comedor seguía detenido en la pantalla, congelando para siempre el rostro de Damián en el momento exacto en que verbalizaba la amenaza.

Adrián quería abrir de inmediato el archivo No_fue_un_accidente, pero primero volvió a mirar la puerta del pasillo a través del cristal de la biblioteca. Leo seguía arriba, dormido bajo vigilancia de Marta. Aun así, cada segundo fuera de su lado lo llenaba de ansiedad.

Richard rompió el silencio con una voz gastada por primera vez en años.

—Pon el otro archivo.

Adrián no respondió con palabras.

Hizo clic.

La pantalla mostró una imagen inestable tomada desde el interior de un coche. Era Elena. Más pálida de lo habitual, con el cabello sujeto de cualquier manera y los ojos llenos de una mezcla brutal de miedo y determinación. La grabación estaba fechada tres días antes de su muerte.

—Adrián —decía ella mirando a cámara—, si estás viendo esto, significa que ya no pude contártelo en persona o que algo me pasó antes de llegar al notario.

La respiración de Adrián se volvió áspera.

Elena siguió:

—Damián falsificó el informe de ADN con ayuda de un laboratorio privado y Richard decidió creerlo porque era más cómodo que enfrentar la idea de que estaba usando a su propio nieto como arma. Si Leo corre peligro, activa el botón del comedor. La mesa abrirá el compartimento y sabrás que yo no me fui sin protegerlo.

Adrián apretó los puños.

Richard cerró los ojos apenas un segundo.

Pero Elena no había terminado.

—No confíes en la versión de mi accidente. Revisé cuentas, hablé con abuela Clara y encontré movimientos del trust. Damián necesita sacar a Leo de la línea antes de que cumpla ocho. Y si intentan desacreditarlo, hay alguien más dentro de la casa que puede confirmar que me siguieron la noche en que morí.

La imagen tembló. Elena miró hacia la ventanilla, como si hubiera visto algo afuera.

Luego dijo una frase que dejó a todos inmóviles:

—Marta sabe dónde escondí el segundo registro. Y si Richard sigue defendiendo a Damián cuando esto salga a la luz, entonces ya no es un hombre engañado. Es un cómplice.

La grabación se cortó.

Nadie habló durante varios segundos.

Marta tenía lágrimas en los ojos.

Richard parecía de piedra, pero algo alrededor de su boca había empezado a quebrarse.

Adrián giró despacio hacia él.

—¿Cómplice?

Richard respondió con voz dura, aunque menos segura que antes.

—Yo no provoqué el accidente de Elena.

—Pero sí dejaste que tu hijo convirtiera a Leo en objetivo.

—No sabía que llegaría a esto.

Adrián soltó una risa seca y amarga.

—Lo viste con una vara sobre un niño y lo llamaste disciplina familiar.

El golpe moral fue tan preciso que Richard no encontró respuesta.

Marta entonces se adelantó.

—Señor Adrián... hay algo más.

Sacó del bolsillo del delantal una llave pequeña de latón.

—La señorita Elena me la dio dos meses antes de morir. Me dijo que solo se la entregara a usted si Leo era atacado dentro de esta casa.

Esteban miró la llave.

—¿De qué es?

Marta tragó saliva.

—Del armario del cuarto de juegos viejo.

Adrián frunció el ceño.

El cuarto de juegos ya no se usaba desde la muerte de Elena. Leo casi no entraba allí porque decía que olía “a día triste”. La frase, dicha por un niño, le había partido el alma a Adrián más de una vez.

Subieron todos juntos al ala infantil, salvo Richard, que se quedó atrás unos segundos mirando la pantalla negra del video de su hija.

El cuarto de juegos estaba cubierto con fundas blancas, como una habitación detenida en el tiempo. Caballitos de madera, libros, cubos de construcción, un piano pequeño. Al fondo, un armario verde con cerradura antigua.

La llave encajó.

Dentro no había juguetes.

Había una carpeta roja, un teléfono móvil viejo de Elena y un pequeño sobre con el nombre de Leo escrito a mano.

Adrián abrió primero la carpeta. Encontró copias del informe de ADN oficial y, junto a ellas, correos impresos entre Damián y un laboratorio llamado HelixNorth Diagnostics. En uno de los mensajes, subrayado por Elena, se leía:

“Necesito un resultado que excluya paternidad materna respecto a la línea Sterling. El pago será doble.”

Esteban palideció.

—Esto es una prueba directa de manipulación.

Adrián abrió el sobre de Leo. Dentro había un dibujo torpe hecho por el propio niño meses antes: él, su madre y su padre de la mano. Detrás, Elena había escrito:

“Si algún día dudas de quién eres, recuerda que tu madre murió protegiendo tu lugar.”

Adrián tuvo que apartar la vista.

Fue entonces cuando oyó un ruido detrás de la puerta del cuarto de juegos.

Muy suave.

Como un paso contenido.

Damián.

Adrián se volvió a tiempo para verlo huir por el pasillo.

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Y al mismo tiempo, desde la habitación donde dormía Leo, estalló un grito.

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