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Chapter 6 - EL HOMBRE QUE ROBÓ TRES VIDASEdmund Ashford no parecía un monstruo.

Ese fue el primer pensamiento de Evelyn.

Setenta años.

Cabello plateado.

Traje oscuro impecable.

Bastón elegante.

Rostro sereno.

El tipo de hombre al que cualquier institución abriría una puerta sin preguntar.

—Amelia —dijo con suavidad.

Evelyn sintió odio al oírlo usar ese nombre.

—No me llames así.

Edmund sonrió.

—Charles hizo un excelente trabajo contigo.

Laura miraba a ambos, confundida.

—Tío, ¿quién es ella?

Edmund ni siquiera se giró.

—Una mujer que viene a molestarte.

Evelyn miró a Laura.

—Soy tu hermana.

Laura retrocedió.

—No.

—Te llamas Lily Ashford.

Edmund golpeó suavemente el suelo con el bastón.

—Basta.

Evelyn lo miró.

—¿Por qué? ¿Porque va a recordar?

Edmund perdió un poco la sonrisa.

—No recuerda nada porque era un bebé.

—Entonces no debería preocuparte escuchar la verdad.

Laura parecía cada vez más alterada.

—Tío...

Edmund se volvió por fin hacia ella.

—Laura, llama a la enfermera.

Evelyn avanzó un paso.

—No lo hagas.

Laura quedó atrapada entre ambas voces.

Evelyn sacó la fotografía de las tres niñas.

La sostuvo.

—Mira.

Laura observó.

Su rostro cambió.

—¿Quiénes son?

—Grace. Yo. Y tú.

Edmund avanzó rápidamente para quitarle la foto.

Evelyn retrocedió.

—No me toques.

—Estás perturbando a una paciente.

—La has mantenido como paciente toda su vida.

—Laura tiene una condición emocional severa.

—¿Diagnosticada por médicos que tú pagas?

Edmund se endureció.

—Charles te llenó de dramatismo incluso después de muerto.

—Charles confesó.

Eso sí lo detuvo.

Evelyn continuó:

—Dejó videos. Documentos. Helena Trust. Pagos a Cedar Ridge. Todo.

Por primera vez Edmund pareció genuinamente preocupado.

—¿Dónde están?

Evelyn sonrió sin alegría.

—Así que son reales.

Edmund comprendió que había preguntado demasiado.

Laura miró a su tío.

—¿Qué documentos?

Edmund respondió:

—Mentiras.

Evelyn tomó el segundo pasador del bolso.

Laura se quedó inmóvil al verlo.

—Yo tenía uno así.

—¿Dónde?

Laura señaló el joyero.

Evelyn se acercó lentamente.

Abrió.

Dentro había un tercer adorno.

No era pasador.

Era una pequeña horquilla de plata con las mismas ramas.

Tres piezas.

Grace.

Amelia.

Lily.

Laura empezó a llorar sin entender por qué.

—He soñado con esto.

Edmund perdió la paciencia.

—¡Basta!

Su voz resonó por primera vez con violencia.

Laura retrocedió, aterrada.

Evelyn lo miró.

—Ahí estás.

Edmund respiró profundamente, intentando recomponerse.

—No sabes lo que ocurrió aquella noche.

—Entonces cuéntamelo.

—Tu padre iba a destruir la familia.

—¿Porque te descubrió robando?

Edmund golpeó el bastón otra vez.

—Porque Richard era un idealista estúpido. Quería dividir activos, ceder control a tres niñas y permitir que Margaret manejara un fideicomiso que no entendía.

—Así que provocaste el incendio.

Edmund guardó silencio.

Evelyn sintió una respuesta en ese silencio.

—Lo hiciste.

—No.

—¿Quién?

—Fue un accidente.

—Charles no sabía quién inició el fuego.

—Porque llegó tarde.

—Pero tú estabas allí.

Edmund la miró.

—Sí.

Laura levantó la cabeza.

—¿Yo también?

Edmund cerró los ojos un segundo.

—Eras demasiado pequeña.

—¿Me sacaste?

No respondió.

Evelyn comprendió.

—Tú sacaste a Lily.

Edmund la miró.

—Sí.

—¿Y la robaste?

—La protegí.

Laura soltó un sonido de incredulidad.

—¿De qué?

Edmund respondió mirando a Evelyn:

—De Margaret.

—Nuestra madre.

—Una mujer inestable.

—A la que drogaste.

La puerta se abrió detrás.

Dos hombres de seguridad entraron.

Edmund señaló a Evelyn.

—Retírenla.

Pero antes de que se acercaran, una alarma empezó a sonar en el corredor.

No de incendio.

Emergencia médica.

Un enfermero gritó:

—¡Habitación siete! ¡Código azul!

Los guardias giraron instintivamente.

Evelyn aprovechó.

Agarró la mano de Laura.

—Ven conmigo.

Laura se quedó clavada.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No sé quién eres.

Evelyn apretó su mano.

—Entonces ven a descubrirlo.

Laura miró a Edmund.

Por primera vez no vio un protector.

Vio miedo en su rostro.

Y eso fue suficiente.

Corrió con Evelyn.

En el estacionamiento, Grace esperaba con el coche encendido.

Cuando vio a Laura salir, se quedó completamente inmóvil.

Laura también.

Las dos mujeres se miraron.

Grace empezó a llorar.

—Lily...

Laura no respondió.

No podía.

Grace abrió la puerta.

—Sube.

Las tres hermanas huyeron juntas por primera vez desde la noche del incendio.

Pero apenas habían recorrido cinco kilómetros cuando Thomas llamó.

Su voz era urgente.

—No vuelvan al hotel.

Evelyn frunció el ceño.

—¿Qué pasó?

—Edmund consiguió una orden judicial de emergencia.

—¿Para qué?

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Thomas respondió:

—Para declarar a Laura incapaz, acusar a Grace de secuestro… y detenerte a ti por fraude de identidad como Amelia Ashford.

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