Chapter 2 - LO QUE GRACE ESCONDIÓ BAJO SU CAMA.La fiesta terminó en menos de veinte minutos.

Richard ordenó a seguridad que cerrara temporalmente la entrada principal y pidió a los invitados que abandonaran la mansión sin hacer declaraciones a la prensa. No podía impedir legalmente que hablaran, pero la mayoría entendió que acababan de presenciar algo demasiado grave para convertirlo en entretenimiento inmediato.
Camille fue atendida por una enfermera privada.
Solo tenía cortes superficiales.
Richard no volvió a acercarse a ella.
Dos miembros de seguridad permanecieron a pocos metros mientras ella lloraba, gritaba y exigía hablar con él.
—¡Soy su prometida!
Richard respondió desde el otro lado del salón:
—Ya no.
Grace seguía abrazada a él.
Una empleada cortó la cadena con herramientas del cuarto de mantenimiento. Cuando el metal cayó finalmente del tobillo de la niña, Richard vio marcas rojas alrededor de la piel.
Se le cerró el estómago.
—¿Te duele?
Grace asintió.
—Un poco.
Richard la levantó en brazos.
—Vamos arriba.
Camille reaccionó.
—¡No!
Todos la miraron.
Ella corrigió de inmediato.
—Quiero decir… Grace está alterada. No deberías hacerle preguntas ahora.
Richard la observó.
—Curioso que te preocupe justo ahora.
Camille guardó silencio.
Richard subió con Grace, acompañado por Martha Ellis, ama de llaves de sesenta años que llevaba dos décadas trabajando para la familia.
La habitación de Grace estaba al final del ala este.
Rosa pálido.
Estantes llenos de libros.
Una pequeña cama con dosel.
Fotografías de su madre muerta, Elena Blackwood, sobre una cómoda.
Richard entró allí con una sensación extraña.
Había pasado muchas veces por ese cuarto.
Nunca lo había mirado como una posible escena de miedo.
—¿Qué escondiste? —preguntó.
Grace señaló debajo de la cama.
Richard se arrodilló.
Sacó una pequeña caja de madera.
No pertenecía a Grace.
La reconoció enseguida.
Había sido de Elena.
Su esposa fallecida.
Richard se quedó quieto.
—¿Dónde encontraste esto?
—En el armario de Camille.
Aquello hizo que levantara la cabeza.
—¿Camille tenía una caja de mamá?
Grace asintió.
—Dijo que eran cosas viejas que debían desaparecer.
Richard abrió la caja.
Dentro había fotografías, un reloj antiguo, varias cartas y un sobre notarial.
También había una memoria USB.
En una de las cartas, la letra era claramente de Elena.
“Para Richard. Entregar únicamente si alguien intenta modificar el fideicomiso de Grace.”
Richard sintió un golpe helado.
Martha, detrás de él, soltó una respiración contenida.
—Señor...
Richard abrió la carta.
“Richard: si alguna vez lees esto, significa que alguien encontró una forma de llegar hasta ti a través de nuestra hija.”
Richard dejó de respirar.
Continuó.
“El patrimonio que mi padre dejó a Grace no puede pasar a un nuevo cónyuge tuyo. Pero existe una excepción temporal si la niña es considerada incapaz de administrar o si un tribunal determina que necesita tutela externa. Hay personas que conocen esa cláusula. Una de ellas es Arthur Arden.”
El apellido.
Arden.
El mismo que Camille.
Richard levantó la mirada.
—Arthur Arden es su padre.
Martha asintió lentamente.
Richard siguió leyendo.
“Arthur intentó convencerme de incluirlo como asesor del fideicomiso. Me negué. Si su familia vuelve a aparecer cerca de nosotros después de mi muerte, no lo consideres coincidencia.”
Richard cerró los ojos.
Camille había dicho que conoció a Richard casualmente en una gala dos años después de la muerte de Elena.
Tal vez nunca fue casualidad.
Grace tiró suavemente de su manga.
—Papá.
—Sí.
—Camille me hacía practicar cosas.
Richard sintió un escalofrío.
—¿Qué cosas?
—Decir que yo estaba enferma.
Martha se quedó inmóvil.
Richard habló muy despacio.
—Explícame.
Grace apretó el vestido entre los dedos.
—Me decía: “Di que escuchas voces”. “Di que tienes miedo de papá”. “Di que rompes cosas cuando te enfadas”.
Richard sintió náuseas.
—¿Por qué?
—Decía que algún día vendrían personas a preguntarme.
Richard se levantó lentamente.
La boda ya no era el problema.
Era el mecanismo.
La niña había sido humillada, debilitada y entrenada para parecer inestable.
Martha tomó la memoria USB.
—Deberíamos ver esto.
Richard asintió.
La conectaron al portátil de Elena que aún permanecía guardado en el armario.
Solo había un archivo.
Video.
Elena apareció en pantalla.
Más delgada de lo que Richard la recordaba antes de su última enfermedad, pero completamente lúcida.
—Richard, si estás viendo esto, quiero que mires primero quién está sentado junto a ti. Si Grace está ahí, no permitas que crea que algo de esto es culpa suya.
Richard apretó los labios.
Elena continuó:
—Arthur Arden descubrió cuánto heredará nuestra hija. Son más de treinta millones en activos cuando cumpla dieciocho, además de acciones de la empresa Lennox. Él no puede tocar nada mientras Grace sea considerada competente y esté bajo tu tutela.
Grace miró a su padre.
No entendía millones.
Pero entendía peligro.
Elena bajó la voz en la grabación.
—Si alguna vez una mujer de la familia Arden entra en tu vida, verifica todo antes de confiar.
El video terminó.
Richard se quedó mirando la pantalla negra.
Entonces sonó un golpe en la puerta.
Uno de los hombres de seguridad entró.
—Señor Blackwood.
—¿Qué pasa?
—La señora Camille se ha ido.
Richard quedó inmóvil.
—¿Cómo?
—Salió por el pasillo de servicio mientras atendíamos a los invitados.
Richard miró la caja.
Después la ventana.
—¿Tomó algo?
El guardia dudó.
—Su bolso.
—¿Algo más?
—Sí.
—¿Qué?
—El teléfono personal de la señorita Grace.
La niña abrió mucho los ojos.
Richard sintió que la amenaza acababa de salir de la casa con toda su agenda de contactos, mensajes y posiblemente grabaciones.
Y una hora después, su teléfono recibió un mensaje de Camille.
May you like
Solo cuatro palabras:
“Devuélveme lo que robó.”
Related Stories