Chapter 8 - SOPHIE QUIERE SALVARSESophie no tenía ya nada de la mujer perfecta que había recorrido la mansión con vestidos impecables y sonrisa calculada.

Cuando Adrian la vio en la sala de interrogatorios del hospital privado donde la evaluaban, estaba pálida, ojerosa y con marcas recientes en las muñecas. Aun así, su primera reacción al verlo no fue alivio.
Fue miedo.
—Victor lo hizo —dijo antes siquiera de saludar.
Adrian se quedó de pie frente a ella.
—Podría dejarte decir eso diez veces y seguiría sin compadecerte.
Sophie cerró los ojos un segundo.
—No te estoy pidiendo compasión. Te estoy pidiendo que entiendas que yo ya también soy un problema para él.
—Lo fuiste desde que Lucy salió del congelador.
Sophie dejó escapar una risa rota.
—Sí. Supongo que en eso tienes razón.
La detective Helen Carter permanecía al fondo, escuchando.
—Habla —dijo Adrian—. Todo.
Sophie miró sus manos vendadas antes de comenzar.
—Victor me buscó hace un año. Sabía que yo tenía deudas, que había salido de un divorcio ruinoso y que tu madre nunca me consideraría una amenaza real porque me veía como una mujer manejable. Me ofreció entrar en tu vida, ganarme tu confianza y mantener observada a Lucy.
—Eso ya lo sé.
—No sabes por qué.
Adrian no respondió.
Sophie levantó la vista.
—Porque Lucy había encontrado algo más grave que el dinero de Emily. Encontró documentos viejos sobre la muerte de tu padre.
La frase lo dejó quieto.
—Mi padre murió de un infarto hace nueve años.
Sophie negó.
—Eso dijo la versión oficial. Pero Victor llevaba tiempo usando firmas y acuerdos que tu padre no habría permitido. Lucy encontró borradores de una denuncia interna y una nota escrita por él pidiendo una auditoría privada. Tu madre lo supo. Victor entró en pánico. Cuando Lucy empezó a unir todo, decidieron quitarla de en medio.
Helen Carter avanzó un paso.
—¿Está diciendo que Victor estuvo implicado también en la muerte del señor Hale?
Sophie tragó saliva.
—No lo vi hacerlo. Pero escuché suficiente para entender que no fue una muerte tan natural como contaron.
Adrian sintió el suelo descomponerse bajo una historia familiar que ya parecía irreconocible.
—¿Por qué te tuvieron a ti atada en la casa del lago?
Sophie soltó una risa amarga.
—Porque le dije a Victor que quería un trato. Dinero, un pasaporte y salir del país. Le dije que podía contarle todo a la policía si no me ayudaba. Él sonrió... y esa misma noche me drogó.
La ironía cruel de su situación no pasó desapercibida para nadie.
Adrian la observó largamente.
—Sigues siendo responsable de lo que le hiciste a Emily.
Los ojos de Sophie brillaron.
—Lo sé.
Fue la primera vez que no sonó como una defensa.
—Le hice daño porque necesitaba hacerla pequeña —continuó—. Porque mientras ella te tuviera a ti, yo nunca iba a ser lo más importante. Sé cómo suena. Monstruoso. Lo es. Pero Victor usaba eso. Alimentaba lo peor de mí y después me recordaba que ya estaba demasiado manchada para salir.
Adrian no sintió piedad.
Sintió cansancio.
Helen consultó unas notas.
—Hay un problema más urgente. Victor desapareció antes de que llegáramos. Y dejó un mensaje grabado en la casa del lago.
Adrian se volvió.
—¿Qué mensaje?
La detective reprodujo el audio.
La voz de Victor sonó calmada, casi cortés.
—“Adrian, si Sophie canta, sabrás ya demasiado. Entonces dame lo que Lucy sacó del banco y quizá permita que esto termine con una sola ruina, no con varias. Si no quieres más sorpresas, mira dentro del coche azul de tu esposa.”
Adrian sintió un golpe seco en el pecho.
El coche azul de Lucy había estado guardado en el garaje secundario de la mansión desde su desaparición, sin que nadie lo tocara por orden de la familia. La policía ya lo había inspeccionado superficialmente meses atrás.
Pero si Victor lo mencionaba ahora, significaba que había algo.
Regresó a la mansión con la detective y el equipo forense.
El vehículo seguía cubierto de polvo bajo una lona gris. Al abrirlo, nada parecía anormal. Sin embargo, al revisar el compartimento oculto bajo el asiento trasero, hallaron una memoria microSD pegada con cinta y un pequeño colgante infantil que Adrian reconoció de inmediato: el primer dije que le había regalado a Emily al nacer.
Lucy lo vio cuando él se lo llevó esa noche a la finca segura y palideció.
—Yo escondí esa memoria después de escuchar a Victor hablar con un médico sobre tu padre —susurró—. Nunca supe si era suficiente para probar algo... pero sí sé qué contiene.
—¿Qué?
Lucy sostuvo el colgante en la mano como si tocara a su hija a través del tiempo.
—La verdadera razón por la que Victor no nos dejará vivir en paz.
Adrian sintió el corazón golpeándole en la garganta.
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Lucy alzó la vista.
—Emily no solo era un obstáculo para el dinero. Ella era la heredera directa de una parte del patrimonio que Victor necesitaba borrar del mapa.
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